Por: Marcos Peckel

Ciudad Jardín de Asia

Yangon. Conocida como Rangún hasta 1989, año en que la junta militar gobernante cambiara los nombres del país, de Birmania a Myanmar y de sus principales ciudades, Yangón, “ciudad jardín”, fue una de las joyas de la corona del otrora todopoderoso Imperio británico.

Las congestionadas calles de esta ciudad de 6 millones de habitantes exhiben el legado arquitectónico colonial en edificaciones gubernamentales y amplias mansiones, algunas restauradas, otras en ruinas por el paso del tiempo y el aislamiento que por décadas sufrió el país gobernado por una férrea dictadura militar.

El prócer de la independencia Aung San, padre de la nobel de paz Aung San Suu Kyi, fue acribillado junto con la totalidad del gabinete ministerial por una facción opositora, un año antes de la independencia formal, presagio poco alentador para la nueva nación, que desde entonces ha enfrentado sucesivas insurgencias comunistas y étnicas. La región oriental del país, fronteriza con Tailandia y Laos, hace parte del “Triángulo Dorado”, sembrada de extensas plantaciones de amapola usadas para la producción de heroína.

A mediados de la década anterior se dio inicio en Myanmar a un tímido proceso de apertura democrática, aprovechado por Estados Unidos y Europa para levantar las sanciones que habían impuesto al régimen e invertir en sus vastas riquezas naturales, en parte para contrarrestar la presencia china que por años se hizo con los recursos energéticos del país.

Aung San Suu Kyi, líder de la oposición democrática confinada a un prolongado arresto domiciliario, fue liberada hace un par de años. Myanmar, que al igual que sus vecinos del sudeste asiático es una nación profundamente budista, ha sido escenario en los últimos tiempos de una ola de violencia desbordada contra los rohingyas, minoría musulmana que habita en el occidente, a los que no se les ha otorgado nacionalidad, y contra los musulmanes en general. Violencia declarada limpieza étnica por organismos internacionales, liderada por monjes budistas con la aquiescencia de los militares y el silencio de Suu Kyi.

A finales del presente año se deben llevar a cabo las primeras elecciones libres, en las que la Liga Nacional por la Democracia de Suu Kyi es favorita para obtener la mayoría de escaños en el parlamento, el cual deberá elegir un nuevo presidente. Sin embargo, por un “articulito” con nombre propio, la nueva Constitución le impide a Suu Kyi aspirar al cargo por tener hijos de nacionalidad extranjera.

 

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