Por: Catalina Uribe

Ciudadanía más allá del voto

Durante las últimas semanas hemos tenido noticias positivas: la consulta anticorrupción fue aprobada en el Congreso con 84 votos a favor y ninguno en contra; el expresidente Uribe pidió a su abogado Jaime Granados retirar la solicitud de nulidad a los procesos que cursan en su contra, y el Ministerio de las TIC retiró el proyecto de ley que buscaba reducir los recursos para financiar los canales del Estado. En las tres ocasiones hubo presión a través de los medios de comunicación, las redes sociales, las protestas callejeras y otras esferas públicas comprometidas con la defensa de las instituciones.

Estas noticias me hicieron pensar en las actitudes con respecto a las elecciones para segunda vuelta. Como era de esperarse están los uribistas, los petristas, los que votarán por Uribe o por Petro apelando a un “mal menor” y los del voto en blanco. Pero hay un grupo al que muy pocas veces se hace referencia,y que casi siempre es mayoría: los abstencionistas por pereza o convicción. Esos que afirman que no creen en la política o que les resbala porque nada puede cambiarse.

La actitud de los abstencionistas no es del todo injustificada. Al final del día, como insiste Aristóteles en su Retórica, nadie delibera sobre lo que no tiene solución. Las sin salidas no llaman al pensamiento, sino que lo duermen. No en vano la esperanza es una de las virtudes teológicas añadidas a las cardinales. Sin esa capacidad humana de ignorar los obstáculos y concentrarse en las posibilidades, caeríamos en una suerte de apatía. Esta vocación irracional de engañar a la razón a ver más en lugar de menos es lo que nos mueve a actuar en las situaciones más adversas y abrir posibilidades donde antes no había ninguna.

El éxito de las tres noticias muestra que tiene sentido ser esperanzados, por lo menos en política, pues es posible ejercer presión y lograr algún resultado por dentro y por fuera de las urnas. Son momentos de luz donde nos damos cuenta de que no todo está perdido, de que tenemos que seguir luchando así los resultados no sean siempre inmediatos. Los políticos no son omnipotentes. Si el país se nos sale de las manos, es también nuestro fracaso.

 

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