Por: Ana María Cano Posada

Ciudades ingeniosas

Cada vez este planeta está más compuesto de ciudades y menos de países. Cada vez las ciudades están más saturadas de personas y de problemas. Cada vez el mundo necesita más salidas inteligentes a las encrucijadas que multiplicamos.

Aparte del consumo, la corrupción y el engaño, y a pesar de ellos, ha venido creciendo como espuma una condición ciudadana nueva y extremadamente eficaz: la del ciudadano creativo participante. Un activismo de quien se asume a sí mismo como parte del entorno y toma en sus propias manos la trasformación de sus circunstancias históricas. De estos ciudadanos creativos están pobladas por millares las ciudades, que a su vez, los capitalizan como su mejor activo, reconociéndolos parte de la solución a problemas de contaminación, desempleo, inseguridad, hacinamiento, desplazamiento. Dentro de esta nueva condición ciudadana, el arte, la ciencia, la innovación tienen ahora el peso que antes tuvieron la burocracia, los bancos y los empleos tradicionales que volvían a los ciudadanos objetos atrapados entre congestiones vehiculares. Ahora hasta la liviandad del monopatín, la cicla o las dos piernas contradicen aquella ciudad estanco en la que cierto concepto caduco de la política encajonaba a los habitantes en un encierro.

Hablaban de ciudades dormitorio porque los puestos de trabajo estaban a kilómetros de distancia. Hablaban de centímetros cuadrados de espacio público porque tenían la mezquindad de restárselos al cotizado uso del suelo. Hablaban de aumentar las vías y multiplicar el transporte particular. Hablaban de recolecciones de desechos en montañas indiscriminadas que había que transportar a rellenos sanitarios donde todo moría excepto los gases y el líquido tóxico que supuraba esta mole de indiferencia. Hablábamos de aire irrespirable porque las partículas inhaladas correspondían a fumar como adicto. Este es el panorama sin salida al que había que sumarle, o restarle, los abusos cometidos en el manejo de las ciudades por sus gobernantes.

Pero han comenzado a circular por el mundo las ciudades creativas como un sello de fábrica: con organizaciones civiles que garantizan su independencia de todo interés político o burocrático para no tener fecha de vencimiento. Entre ellas se reconocen las soluciones a los impasses de violencia, desempleo, inmovilidad e introversión de las ciudades crecientes. En Medellín ahora está reunido el quinto encuentro de jornadas internacionales de ciudades creativas, que apoyan fundaciones como Kreanta y Metrópolis, que buscan gestionar recursos para estos activistas que consideran a la ciudad su hábitat natural y a su capacidad creativa el activo para asimilar las circunstancias y volverlas a su favor.

Podrán detectarse dentro de las ciudades cada vez más lugares que reconocen su vocación, que agrupan saberes y solucionan colectivamente necesidades, como hace miles de años hicieron los zocos o las medinas: pero ahora en torno a la tecnología, la moda, el arte, la ciencia, la investigación, la historia, el reciclaje de espacios públicos, reconfigurando nuevas maneras de habitar la ciudad. Y en cada una podrá reconocerse una identidad por el aprovechamiento ciudadano de los oficios, saberes y creaciones en común. Lo global es, pues, una forma creativa y sabia de ser local.

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