Por: Catalina Uribe Rincón

Ciudades más vigiladas y más inseguras

Aunque según las cifras de la Alcaldía la seguridad esté mejorando, los bogotanos se sienten cada día más inseguros. Una de las razones para esta inconsistencia es que la seguridad se sigue midiendo en cifras y no en prácticas. Aún se cree que si hay menos robos reportados estamos más seguros, pero a veces las prácticas ciudadanas nos dicen más sobre la seguridad que las cifras. No se trata sólo de los crímenes que suceden, sino de las medidas tan absurdas que tenemos que tomar para que algo malo no nos pase.

En Bogotá y en muchas otras ciudades colombianas nos acostumbramos a vivir en alerta. Esto implica no sacar el celular en la calle, no salir después de ciertas horas, abrazar las billeteras y carteras y cargar el efectivo que se necesita por aparte, no tomar taxis en la calle, no hablar con extraños, caminar con propósito y a buen paso, evitar ciertas zonas, y mirar hacia todos los lados como si fuéramos espías. ¿Cómo mide la Alcaldía el costo emocional que genera la agobiante y permanente tiranía de la precaución?

La administración distrital quiere dejar funcionando más de 4.000 cámaras de seguridad para reducir el crimen y desarticular bandas de delincuentes. Al igual que la Alcaldía, muchos ciudadanos han optado por instalar cámaras, alarmas, servicios de vigilancia y ahora los llamados motorizados. Pero las tecnologías de seguridad a veces nos exponen más de lo que nos protegen. Quizá no se equivocó Montaigne cuando dijo que “nada nos expone tanto al peligro como el miedo inmoderado de deshacernos de él”.

Un ejemplo son los servicios privados de seguridad que, al tener información privilegiada, muchas veces permiten y participan de los robos. ¿Qué tan casual es que nadie nunca vea al ladrón que le salta por las narices? Por otro lado, las cámaras no sólo no previenen significativamente el crimen, sino que ponen a los ciudadanos en riesgo de arbitrariedades por parte de la policía, de otras agencias del Estado y hasta de los hackers. No significa que estas medidas no tengan propósito, pero ciertamente asegurarnos sin fortalecer la honestidad y competencia de la policía es como fortificarnos en un castillo de plastilina.

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2019-05-15T15:11:41-05:00

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