Por: Augusto Trujillo Muñoz

En-clave de paz

Desde el punto de vista institucional los grandes desafíos del nuevo gobierno son la recuperación de la legitimidad y la organización y control del territorio.

Lo primero supone cierta reingeniería en un país cuyas instituciones son más legales que legítimas, donde hay exceso de legalidad pero defecto de legitimidad. Semejante situación afecta el reconocimiento al orden político vigente, restringe las posibilidades creadoras de la democracia y produce efectos deletéreos sobre el Estado de derecho. Lo segundo tiene que ver con empoderamiento social, con compromiso de las comunidades para un mejoramiento en la calidad de su propia vida. Ambas cosas significan la apropiación real de unos principios valores sintetizados en la Constitución.

La Fundación Konrad Adenauer “KAS” y la Red de Iniciativas para la gobernabilidad, la democracia y el desarrollo territorial “RINDE” abordaron el examen de esa problemática desde un enfoque claramente propositivo, en una interesante publicación titulada “Descentralización en-clave de paz”. Co-editado por Hubert Gehring, Viviana Barberena y Darío Indalecio Restrepo, incluye propuestas concretas sobre ordenamiento territorial y temas que van desde la minería hasta la participación ciudadana, pasando por los del desarrollo rural. El libro se inscribe dentro del marco del post-conflicto, el cual impone cambios institucionales en el escenario rural colombiano.

Como lo anotan sus co-editores, el libro formula ideas y propuestas que ayudan a aclarar la agenda social colombiana, en un momento en el cual no es claro lo qué deben hacer, en concreto, dirigentes y gobernantes; ni el tipo de instituciones territoriales que deben fortalecerse y/o modificar; ni las medidas necesarias para superar las causas estructurales del conflicto que tienen su anclaje a nivel territorial. Casi tres décadas después de haberse iniciado la descentralización y, por lo menos, a una de su descaecimiento, irrumpe de nuevo el tema, vinculado ahora al del de la autonomía territorial, como factor determinante en el manejo del post-conflicto.

La negociación entre el gobierno nacional y los voceros de la guerrilla en la Habana es de naturaleza eminentemente política. Hay que avanzar hacia el final de la guerra sin interferencias de terceros. Pero la transición hacia el post-conflicto es un problema de la sociedad en su conjunto y no se entiende por fuera de una política de reorganización del territorio. El libro formula propuestas de diseño institucional que surgen de la realidad pero consultan la Constitución del 91. Su desarrollo garantiza que el tránsito de la descentralización hacia la autonomía no se quede a medio camino y que el país pueda aclimatar un proceso frente al cual se sientan comprometidos todos los actores políticos.

Alguien lo dijo hace poco: la paz es la mayor contribución al progreso del país pero, sobre todo, de las comunidades rurales. Y el posconflicto tendrá que ser un programa de desarrollo territorial no sólo para hacer inclusión en los sitios más alejados de nuestra geografía y cerrar múltiples brechas, sino para definir una organización institucional del territorio consecuente con las realidades de una sociedad diversa y plural. El conflicto colombiano ha tenido un hondo componente de disputa por el poder territorial. Por lo tanto su solución pasa por una reforma seria en la organización del territorio. En buena medida, ahí está la diferencia entre la paz y la guerra.

*Ex senador, profesor universitario, @inefable 1

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