Coalición de alta ambición para la naturaleza y las personas: solo nueve años para entregar resultados

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Esperanzadora la voluntad política del presidente con ocasión del evento de alto nivel por la naturaleza y las personas promovido por Costa Rica y Francia, que viene a complementar la reciente renovación de las metas sobre cambio climático. Detener la pérdida de biodiversidad y modificar la trayectoria del cambio climático debe ser un proyecto de nación, motivo de un acuerdo político por los fundamentos de la sostenibilidad. Comparto aquí esquemáticamente algunas reflexiones para una agenda nacional acorde con estos objetivos.

1. La biodiversidad es activo estratégico de la nación, según el Plan de Desarrollo. El presidente podría crear una comisión nacional de biodiversidad a instancias del Consejo Nacional Ambiental, para evitar decisiones que comprometan el equilibrio macroecológico del país. Dicha entidad sería la guardiana del patrimonio natural. Resguardarlo de la política electoral es la forma de repolitizar la naturaleza como activo de la nación.

2. Gobierno de las áreas protegidas. La recuperación de la confianza después del cambio en la dirección de Parques Nacionales podría basarse en una innovación institucional para resguardarlas de la política electoral. Se podría crear, a instancias del Ministerio del Ambiente, un consejo nacional de áreas naturales protegidas como órgano directivo plural, que oriente y reciba cuentas sobre la enorme agenda de conservación.

3. Ampliación del Sistema de Áreas Protegidas. En Colombia no sería solo en términos de los ecosistemas no representados, sino en función de los actores sociales. Sumados a las áreas protegidas, los resguardos indígenas y los territorios colectivos de comunidades negras corresponden al 45 % del territorio, de por sí mayor que la meta propuesta del 30 %. Esto se haría a través de la creación de subsistemas temáticos de áreas protegidas previstos en la norma. Muy importante en este sentido es desarrollar los aspectos institucionales para las áreas protegidas marinas.

4. Humedales. Constituyen hasta un 30 % del territorio nacional. El país debería reactivar la Política Nacional de Humedales Interiores a la luz de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y del Plan de Desarrollo. No se trata solo de mantener los valores naturales, sino promover un plan de desarrollo humano para la inmensa minoría de ciudadanos que viven en esa Colombia anfibia.

5. Estructura Ecológica Principal (EEP). Además de las áreas protegidas, gran parte del futuro de la biodiversidad depende del grado de continuidad geográfica de los territorios de la biodiversidad, sobre todo en escenarios del cambio climático. Colombia ha sido pionera mundial en introducir la EEP como determinante del ordenamiento territorial. Algo se ha hecho en este sentido, pero la necesidad de mantener y recuperar la conectividad de los sistemas ecológicos es apremiante, además de ordenar el país en torno a la naturaleza y las personas.

6. Gestión de conocimiento. Colombia cuenta con importante investigación sobre biodiversidad en el Sistema Nacional Ambiental y las universidades. Pero más importante que lo que se desconoce en la ciencia es lo que ya se conoce y no se aplica. Se podría crear un sistema de gestión de conocimiento y biodiversidad para el SINA, liderado por el Instituto Humboldt. No hay gestión de la biodiversidad sin gestión de su conocimiento. Esto implicaría que en los consejos directivos de las CAR estén representados los actores que detentan el conocimiento de la biodiversidad.

7. Colombia forestal. Las frecuentes buenas intenciones de siembra de árboles y uso sostenible de los bosques no tienen un respaldo institucional suficiente y más bien están dispersas en las CAR, cuando no tergiversadas. Crear un servicio nacional forestal como una gran red de gestión del conocimiento y los emprendimientos basados en los bosques podrían contribuir a que nuestro país de bosques (regalo de la naturaleza) se convierta en una nación cultural y económicamente forestal.

8. Agricultura y biodiversidad. Una parte importante de la pérdida de la biodiversidad puede ocurrir en áreas agrícolas. También allí debe ocurrir su recuperación. Urge un esquema de gestión y de compensaciones de su pérdida en la transformación agrícola de la Orinoquia, sobre todo la altillanura, e incentivos para su recuperación en los paisajes ya transformados.

9. Las ciudades y regiones urbanas no pueden faltar en una coalición por la naturaleza y las personas, no solo porque gran parte de los colombianos son ya urbanos, sino porque en estas áreas es donde se vive de manera más clara un déficit de naturaleza. Se trata, entre otras, de expandir y dar sustento institucional a iniciativas valiosas como la de “diverciudades” que promueve el Ministerio de Ambiente.

10. Minería, energía y biodiversidad. Más allá de solo evitar y compensar los impactos inherentes a estos sectores, Colombia puede crear una gestión robusta de la biodiversidad dentro y desde los territorios minero-energéticos. Esto se haría creando un sistema de transferencias de largo plazo, algo así como regalías ambientales, que dirija recursos provenientes del uso del capital natural no renovable hacia la conservación y regeneración del capital natural vivo. Podría contribuir, además, a la licencia social de estos emprendimientos, haciéndolos parte del desarrollo sostenible de forma más efectiva.

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