Por: Uriel Ortiz Soto
Comunidad y desarrollo

Coalición de centro derecha toma la delantera

Transcurrida la contienda electoral de la consulta interpartidista y las elecciones para el nuevo Congreso, el panorama político está lo suficientemente claro:

La consulta interpartidista de la coalición de centro derecha, orientada por los expresidentes Álvaro Uribe Vélez y Andrés Pastrana Arango, arrojó resultados tan sorprendentes que con más de seis millones de votos a su favor Iván Duque se vislumbra como el candidato más opcionado para ocupar el solio de los presidentes a partir del 7 de agosto del año en curso.

De aquí en adelante vendrán las alianzas y componendas políticas; quienes hicieron el sacrifico de honrar con su voto el triunfo de la consulta interpartidista de derecha tienen derecho a saberlo y del mismo modo a exigir que sean acuerdos serios y perdurables, que no vayan en el recrudecimiento de politiquerías e intereses mezquinos.   

La doctora Marta Lucía Ramírez, quien es desde ya su fórmula vicepresidencial, desde los inicios de la campaña interpartidista ha dado muestras de ser mujer de grandes calidades humanas, que piensa por su país, y desde todo punto de vista contará con el respaldo irrestricto de la mayoría de las mujeres de Colombia.

Lo que sigue de aquí en adelante es que la coalición Centro Democrático-conservatismo se consolide con algunos dirigentes del partido azul que andan extraviados por otros predios políticos —simple y llanamente en busca de mejores prebendas y canonjías burocráticas—; les queda pues a la doctora Marta Lucía Ramírez y al doctor Alejandro Ordóñez, quienes gracias a su honestidad y decoro permitieron que la consulta interpartidista de derecha se consolidara, sostenerla como la primera fuerza del país para las presidenciales del mes de mayo.

Pero también en adelante van a pesar mucho los programas de gobierno que los candidatos a presidente y vicepresidente expongan en las plazas públicas, se requiere que sean propuestas creíbles y posibles de desarrollar; el país estará muy expectante de ellos, que no ocurra lo mismo que con el actual presidente Santos, que prometió lo divino y lo humano y a cinco meses de terminar su segundo mandato el panorama es desolador.

Además de los programas de salud, educación y empleo, hay dos que desvelan a todos los colombianos: el del sector agropecuario y la lucha contra la corrupción.

Todos sabemos muy bien que el narcotráfico, la violencia guerrillera y paramilitar, y los demás grupos delincuenciales que operan al margen de la ley tienen su origen en el abandono del campo por parte de los gobiernos de siempre, por eso continuamos insistiendo en que se requiere de un programa básico para la reivindicación campesina, con reconocimiento de sus plenos derechos, como lo hemos venido sosteniendo a través de las columnas desde hace varios años.

Lo primero que debemos hacer es conocer a cabalidad   quiénes y cuáles son los campesinos en Colombia, no podemos seguir sosteniendo a una gran cantidad de personajes que dicen serlo y se encuentran agazapados en las grandes ciudades listos a cobrar y usufructuar los derechos de la Colombia rural, cuando ni siquiera conocen de los cultivos de pan coger.

En el programa de desarrollo rural integrado se deben definir cuáles son sus derechos y obligaciones, permitiendo su ingreso a las cajas de compensación, con derecho a los subsidios correspondientes, con vivienda y servicios públicos, y, lo más importante, con programas de agroindustrialización y comercialización para sus productos.

En la lucha contra la corrupción, además de tramitarse ante el Congreso de la República una ley de principios y valores, se hace indispensable que este instrumento se convierta en política de Estado, en todas las instancias públicas y privadas de la vida nacional.

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