Por: Danilo Arbilla

Cocodrilo

En Paraguay, el varón que subrepticiamente ingresa al dormitorio de una dama se gana el mote de "cocodrilo".

Esto, entre risas y comentarios alusivos, lo explicó a una veintena de representantes de la prensa  el propio presidente paraguayo Fernando Lugo. Fue hace unos treinta días,  durante una cena en los jardines del Palacio de Gobierno. Una velada estupenda, una de esas noches cálidas que han hecho célebre a Asunción, y en la que el ex Obispo impactó a los presentes  por su  sencillez y  su cordialidad.

Uno de sus más directos colaboradores, sentado a mi lado, me contó sobre las  sanas y austeras costumbres de Lugo, quien se levanta muy temprano  y primero que nada dedica una hora a la oración. Luego hace ejercicios físicos. Fue a raíz de un comentario que hice sobre un encuentro- a distancia- que en la mañana había tenido con un cocodrilo  en un campo de golf, que surgió la explicación presidencial.

Supongo que en estos días más de un paraguayo, entre jocoso y sorprendido, utilizara ese mote para calificar a su presidente, quien  admitió ser padre de una niño de dos años, producto de una relación con  una joven  31 años menor que él. Por lo que trascendió, esa relación duró por lo menos unos 7 años, y comenzó cuando Lugo ni soñaba con dedicarse a lo político y era Obispo, con sotana y  todas sus potestades.

No es al primer presidente que se le destapa un tarro de ese tipo: le pasó a Alan García y Alejandro Toledo en Perú, a Lula en Brasil, a Carlos Saúl Menem en Argentina y a Mitterrand en Francia. Se trata de un asunto  de la vida privada, se dirá. Algo de eso hay, aunque depende de las costumbres y valores o prejuicios de cada país. El caso de Lugo muestra algunas diferencias: cuando comenzó la relación se trataba de una menor, no reconoció a su hijo y además era Obispo  sujeto a una serie de prohibiciones y obligaciones y  a cumplir con ciertos compromisos y juramentos asumidos por voluntad propia.

Aparentemente  en lo político  el tema por el momento no  tendrá mayores consecuencias, aunque debe de haberle generado una pizca de duda a más de un paraguayo respecto a este conciudadano que ha jurado respetar y defender la Constitución. Tampoco puede considerarse, como han dicho algunos de sus allegados y un ex colega religioso, que su confesión se trata de un acto de "valentía", "sinceridad" o "transparencia". Lo hizo  después de dos años de nacido su hijo, ante una demanda judicial y la amenaza de una prueba de ADN.

"Es un duro golpe para la Iglesia", dijo otro Obispo paraguayo y sin duda que lo es. No menos duro, por cierto,  que los repetidos casos de abusos sexuales cometidos por miembros de la Iglesia en distintos países  y frente a los cuales la jerarquías no han actuado acorde, siendo demasiado generosa con "sus miembros pecadores" y en caso gastando mucho para comprar silencios. Ante casos de este tipo, hay quienes piensan que por lo menos debería reconsiderar el tema de celibato, pero por sobre todo no dictar tanta cátedra sobre tantas cosas mientras hace la vista gorda sobre otras igual o más serias.

Quizás tendría que poner el mismo empeño que pone respecto al control de la natalidad, en la defensa de los inmigrantes perseguidos en Europa. Habrá que ver que dice el Vaticano, que aparentemente habría vetado a Caroline Kennedy como embajadora de los EE.UU. ante la Santa Sede por sus posturas favorables al aborto, frente al caso Lugo o a otros más grave como el de los Legionarios de Cristo en Chile, cuyo fundador, el padre Marcial Maciel ha sido acusado de abusar de seminaristas y de quien ahora se supo que tuvo una hija hace mas de 20 años.

Ante tantas crisis, la Iglesia debería encarar las propias con más autocrítica, con más humildad y dejar de ser tan intolerante frente a determinados temas y tan tolerante con otros casos, particularmente con aquellos de tipo interno y respecto a sus miembros los que  sí  le atañen directa y efectivamente.

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