Coctel explosivo: política, justicia e interés privado

Noticias destacadas de Opinión

Una pandilla siniestra, mitad oficial, mitad privada, se apropia de los entes públicos de Colombia y, ante nuestra indolencia, dispone de ellos como si fueran suyos, en beneficio de su proyecto déspota, ilegal y abusivo de la representación popular transitoria que consiguió hace dos años para un periodo que, siendo solo de cuatro, intenta volver permanente. Una dictadura, en suma, en que se anula la separación de poderes, se entroniza al Ejecutivo, se destroza el control parlamentario y se humilla a los jueces o se les doblega para convertirlos en sus sirvientes. La pasividad ciudadana y periodística ayuda a la pandilla que avanza mientras arrasa a quien se le resiste. Así, por ejemplo, nos echan encima a Trump con su bendición a Uribe, “un héroe”, y con su maldición a Petro, “un gran perdedor”, aunque no sabe nada sobre el primero ni sobre el segundo, enterado solo por las frases que le han soplado los Díaz-Balart de Miami, dueños de los votos de la Florida que el candidato-presidente necesita con desespero.

Los ultraderechistas Diaz-Balart meten, también, sus narices en esta tierra, no porque los colombianitos le importemos un higo a su ídolo, Trump, sino porque Uribe y su combo en el Gobierno, en el Congreso, en la Fiscalía y, pronto, en la Procuraduría, son los enemigos de sus enemigos, Cuba y Venezuela. Hace unos días, un miembro de esa familia, el congresista Mario Díaz-Balart, publicó un trino en que, extrañamente, pedía explicaciones al Departamento de Justicia sobre “reuniones con convictos paramilitares colombianos”, refiriéndose a Iván Cepeda. Casi al tiempo, uno de los tantos abogados que paga Uribe le solicitó a la Fiscalía norteamericana que investigara al senador del Polo. La compatibilidad entre los propósitos de Díaz-Balart y el apoderado de Uribe es una puesta en escena típica de las argucias de agencias publicitarias como la que pagaron los hijos de Uribe Vélez para hacerle lobby a su padre. Pero las redes sociales revelaron los vínculos de amistad entre los cubano-estadounidenses y Rodrigo Noguera, rector del centro de estudios —¿o del clientelismo?— Universidad Sergio Arboleda: videos de homenajes y fotos de Lincoln Díaz-Balart, hermano del congresista republicano, “con mis grandes amigos” Rodrigo Noguera y su esposa, Zayda Barrera, a quien Francisco Barbosa, alumno y excontratista de esa universidad, le habría ofrecido un gran puesto en la Fiscalía. También existen fotos con Uribe y algunos senadores de su bancada. En conclusión, el mensaje de Mario Díaz-Balart con el que le da una disculpa al gobierno Trump para perseguir a Cepeda es un complot contra este, urdido por Uribe Vélez, sus apoderados, Duque y Rodrigo Noguera, cogobernante en la sombra y en las sombras.

Un segundo complot en el que participan, además del omnipresente Uribe, los alumnos de Noguera Calderón, Iván Duque y Francisco Barbosa es el que ellos preparan, por asalto, en el caso del magnicidio de Gómez Hurtado: se trata del peligroso binomio Presidencia-Fiscalía que ha unido poderes políticos y judiciales —según revelación de los periodistas Gonzalo Guillén y Julián Martínez que confirmó, sin pretenderlo, el columnista oficialista Mauricio Vargas—, para encarcelar a quienes la familia Gómez condenó hace 25 años, con odio y sin pruebas judiciales. Vargas Linares le anunció a Ramiro Bejarano, uno de los abogados de Iván Cepeda y columnista crítico, que lo van a llamar a interrogatorio en un proceso al que ni siquiera lo han vinculado. ¡Qué diría Uribe si le sucediera, en el mundo real, algo similar! Estamos en la era despótica urdida en la Sergio Arboleda, donde filas de amigos y familiares del uribismo gobernante entran con intereses y salen con contratos. Una lista corta, en la que ahondaré más adelante, de funcionarios y exservidores oficiales favorecidos por el rector copresidente: Alejandro Ordóñez; Jorge Pretelt; María del Rosario Guerra; Alfredo Rangel; Andrés Felipe Arias; su suegro, César Serrano; Miguel Ceballos; Ernesto Lucena (el hijastro consentido); Francisco Barbosa, quien tuvo contrato de “investigador” en esa universidad siendo consejero de Derechos Humanos: devengaba interesante suma en ambos sitios sin acreditar trabajos serios; su hermana María Paula, beneficiaria en ambos lados. Y hasta el hermano del presidente, Andrés Gregorio Duque Márquez, que disfrutó de ricas consignaciones por su parentesco. Favores en una parte se compensan con favores en la otra: nada es gratis. Poder despótico y nosotros, cruzados de brazos.

Comparte en redes: