Por: Hernán González Rodríguez

¿Cogobernar con el presidente Duque?

“El presidente Iván Duque —afirma la periodista María Jimena Duzán en la revista Semana— no ve ni entiende el tamaño del descontento que se está tomando las calles de Colombia. Y lo más grave es que no es el único. Lo acompañan en esa ceguera una gran parte del Congreso y de la dirigencia empresarial… Su estrategia de abrir una “conversación nacional” no ha servido para fomentar un diálogo franco con los miembros del Comité del Paro, sino para estrechar aún más los lazos con los que siempre habla, es decir, con los empresarios. Por algo fueron los primeros invitados a Palacio… Y cuando finalmente Duque convocó al Comité del Paro, no los citó a una conversación sino a un bochinche porque en la mesa también estaban los empresarios. No se dan cuenta de que van en contravía del país, que cuanto aprueban les da más razones a los jóvenes para seguir nutriendo su protesta”.

Lo que no ve ni entiende nuestra sesgada analista es que, de acuerdo con encuestas recientes, el 70% de los colombianos no están de acuerdo con el paro, el cual no pasa de ser un “movimiento minoritario con gran capacidad de convocatoria y poca de transformación”. Que las exigencias de los promotores son casi todas absurdas y no consultan las limitaciones financieras de Colombia: no a la reforma tributaria, no al fracking, no a la reforma pensional, no al Esmad, sí al cumplimiento fiel de los acuerdos de La Habana…

Que tanto ella como el Comité Promotor del Paro se equivocan, al concederle prioridad al derecho a protestar de unos pocos miles, en unas marchas folclóricas y disfrazadas de protesta social, sobre el derecho a movilizarse a trabajar en condiciones dignas y justas consagradas en Artículo 25 de nuestra Constitución, en la defensa de miles de millones de compatriotas que ni pueden acudir al trabajo, ni regresar a casa.

Ningún país del mundo ha logrado eliminar los descontentos contra el desempleo, la pobreza, las desigualdades y los impuestos, siempre servirá alguno de ellos para motivar protestas. En Colombia nos están aprovechado el descontento acunado por la explosión demográfica registrada entre 1940 y 1975, por el antiempleo causado por un dólar barato por doble vía, los dineros del narcotráfico y las devaluaciones de las monedas de los países ricos, así como por culpa de algunas debilidades inocultables del actual Gobierno.

Sí; se aprovechan de algunos descontentos: “para imponernos un proyecto político, cuyo fin es desmantelarnos el Estado Democrático, con el fin de colocar al país en una etapa de transición hacia un sistema de gobierno bolivariano. Esta estratégica toma del poder tendrá lugar, de hecho, en las elecciones de 2022, cuando se elija un presidente del agrado del poco representativo Comité Promotor del Paro” y de la citada María Jimena Duzán.

“Sorprende también —continúa Duzán— que, en medio de este descontento social, el Congreso haya aprobado en primer debate el nuevo proyecto de ley de financiamiento, que el gobierno de Duque rebautizó con el nombre de ley del Crecimiento Económico, la cual no solo ha sido cuestionada por su bajo recaudo sino porque les otorga a los empresarios más de 9 billones de pesos para el año entrante en exenciones tributarias”.

Hasta donde llegan mis limitados conocimientos, las grandes empresas en Colombia estaban pagando impuestos confiscatorios cercanos al 70% sobre sus utilidades netas, y las medianas ceca del 50%, cuando en otras latitudes nos compiten con porcentajes entre el 20% y el 30%. Con tales tasas tributarias nadie invertirá en Colombia, y sin inversionistas, pues no se generará empleo por acá. Sospecho que la carta de 70 prestantes académicos contra la ley del Crecimiento Económico es más oportunista que fuente de transformaciones para solucionar las protestas.

“Si el presidente Duque quiere que el país no se le salga de las manos, lo primero que debería hacer es romper la coraza de su gobierno corporativo y demostrar que él no gobierna ni para los gremios, ni para los grandes intereses económicos”, propone nuestra inefable crítica. Su solución: ¿Cogobernar con Duque mientras termina su mandato, excluyendo a los empresarios, para gobernarnos luego con los suyos?

Ojalá cayeran en cuenta tanto María Jimena como el Comité Promotor del Paro que no son ni inmediatas, ni fáciles las verdaderas soluciones para Colombia. Y las soluciones negociadas con quienes no pudieron ganar las elecciones pasadas y que optaron por marchar para protestar por sus insatisfacciones seculares, bien podrían, en cambio, precipitarnos con rapidez y facilidad en otra Venezuela.

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