Por: Luis I. Sandoval M.

Cohesión y coalición

En ocasiones la política se reduce a la inercia de lo que pasa, pero en otras puede elevarse a un acto de imaginación y audacia que crea soluciones y escenarios inéditos. Es cierto que en el país existe hoy un colapso de los partidos, pero no es cierto que la sociedad esté en plan de prescindir de la política como la vía colectiva para dar salida a aspiraciones y problemas colectivos. 

Es patente que en el país se están formando grandes conjuntos políticos a partir de una enorme diversidad de  opciones. El fenómeno de las firmas, a falta de partidos, está dando lugar, en muchos casos, a que se conformen propuestas programáticas, liderazgos y franjas de opinión ciudadana. Una característica del proceso político actual perfectamente identificable es la tendencia a producir coaliciones, o agregados plurales muy amplios, para tratar de construir alguna suerte de mayoría en un piélago de minorías. 

Quienes recogen firmas están en campaña. No es cierto tampoco que en medio del pragmatismo, clientelismo y corrupción exacerbados de muchos las propuestas programáticas estén ausentes. Hay posturas que ofrecen mantener la polarización basada en odios, así se haya terminado la guerra, y hay posturas que ofrecen asumir avances ciertos, como el de los acuerdos de paz, y a partir de allí articular una visión transformadora de país. 

Colombia vive una inflexión de su curso de los últimos 50, 70 o más años. Vive, desde hace un cuarto de siglo, una transición que consiste en pasar de una semidemocracia poblada de violencias a una democracia creciente sin violencia. Las armas están saliendo de la política. Realmente el reto para sectores liberales, progresistas y de izquierda está en no dejar devolver la rueda de la historia y empujar hacia adelante la transición en curso. El debate político se centra hoy en responder esta pregunta: ¿quién gobierna y cómo la transición? 

Absolutamente definitivo que ese inmenso conjunto democrático de la vida política se plantee compartir una estrategia para elegir legisladores y presidente de la República, en marzo y mayo de 2018, con un programa básico común y una voluntad indeclinable de asegurar condiciones sostenidas de democracia y democratización de la vida cotidiana de colombianos y colombianas en todos los espacios sociales y territoriales de la nación. 

Dado que la pluralidad que se proyecta en esa perspectiva es inmensa se necesitan dos grandes dinámicas políticas complementarias para asegurar la victoria en las próximas elecciones: una dinámica de cohesión y una dinámica de coalición. Cohesión de actores afines y coalición de todos alrededor de cuatro grandes temas: el cumplimiento de acuerdos, la economía con sentido social y ambiental, el manejo transparente de lo público y un sustantivo cambio político.  

En la realidad presente me parece que son sensibles a la consideración que aquí se hace muchos y muchas en el Partido de la U, Partido Liberal, Partido Verde, Colombia Humana, Compromiso Ciudadano, Todos Somos Colombia, Poder Ciudadano, Fuerza Ciudadana, Polo Democrático, en espacios políticos comunistas, camilistas y socialistas, en movimientos sociales e iniciativas de paz que buscan una proyección política, en espacios independientes e inconformes, inclusive en el nuevo partido Fuerza Alternativa.

Cohesión entre los más afines y coalición entre todos alrededor de un programa transformador, liderazgos y candidaturas confiables. Desarrollos posibles que suponen superar el sectarismo, el caudillismo y el cortoplacismo. Desarrollos obtenibles si un firme sentido de responsabilidad se abre camino. 

Hay una identidad básica en ciernes en este gran conjunto, una potencialidad que desentrañar, unos liderazgos descollantes que generan confianza y esperanza, hay una posibilidad real de ser mayoría triunfante en el 2018.   

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