Por: Julián Posada

Colaboraciones I

Se acaba de anunciar en París la colaboración entre Louis Vuitton y la diseñadora japonesa Rei Kawakubo de Comme des Garçons. Ella venderá los productos en su tienda de Tokio como parte de la celebración por la llegada de LV allí hace 30 años.

La noticia reafirma una tendencia. Cada vez se descubre la necesidad de crear equipos para desarrollar proyectos creativos. Al hacerlo, el creador permite que las voces de otros resuenen; parece ser que finalmente los diseñadores han decidido dejar de lado el ego en una profesión que lo privilegia hasta la extrema saciedad. Ello resulta útil en los tiempos que corren y pone de manifiesto una nueva actitud social: la del colectivo creativo, opuesta a ese penoso individualismo de la sociedad contemporánea.

El origen parece hallarse cuando almacenes como Target en USA decidieron fundamentar su estrategia en la creatividad y el diseño como elementos diferenciadores. Para hacerlo invitaron a famosos arquitectos como Michael Graves o diseñadores como Isaac Mizrahi o Mossimo y lograron democratizar el gusto y convertirlo en objeto de consumo accesible a todos.

En nuestro país las grandes cadenas han hecho proyectos similares con diseñadores de moda. Lo propio han hecho marcas como H&M con Karl Lagerfeld, Cavalli, Stella McCartney o Kawakubo, Mango con Penélope Cruz o LV y sus proyectos con Murakami o Richard Prince que resignificaron el producto moda y el hecho artístico.

Al sumar a la creatividad del diseñador las opciones de visibilidad, productividad, industrialización, tecnología o logística del productor, ganan marcas y diseñadores. En el caso de Kawakubo y LV, es obvia la impresionante notoriedad que este proyecto añadiría frente a nuevos públicos.

En Brasil los industriales miran con respeto e interés a los creativos y los apoyan porque saben que al convertirlos en sus “parceros” se establece una relación gana–gana… un diseñador como Alexandre Herchcovitch ha creado desde uniformes para McDonald´s hasta sandalias de plástico, pasando por portacelulares.

Aquí los industriales apoyan donando la materia prima o aportando dinero y exigiendo invasiones de marca que resultan en la mayoría de los casos ofensivas. Es necesario que se mire al diseñador como una contraparte con la cual construir una relación basada en el respeto y la admiración para que ese vínculo se convierta en amor… amor que dé frutos tangibles.

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