Por: Marcos Peckel

Colapso de una alianza

Finalmente se hizo público el informe de la comisión Palmer-Uribe, establecida por el secretario general de la ONU Ban Ki-Moon para investigar el ataque de Israel a la flotilla en mayo de 2010.

Y aquí fue Troya, ciudad que en la antigüedad quedaba en la actual Turquía, país heredero del poderoso imperio otomano, del cual hizo parte lo que hoy es Israel. El ministro de Exteriores turco, Ahmet Davutoglu, anunció la expulsión del embajador de Israel de Ankara, la reducción de las relaciones diplomáticas, el fin de la cooperación militar y otras medidas. A Turquía no le cayó nada bien el informe que, entre otras, declaraba legal el bloqueo de Israel a Gaza.


Turquía exigió una disculpa a Israel por las nueve víctimas fatales que dejó el asalto, una compensación económica y el fin del bloqueo. Meses de diplomacia y presión por parte de Estados Unidos y Europa para que los otrora cercanos países dirimieran sus diferencias fracasaron, provocando la presente crisis en las relaciones entre estos dos aliados de Occidente en el convulsionado Oriente Medio.


El incidente demuestra que la política exterior, en muchas ocasiones, se vuelve de Gobierno más que de Estado, como en este caso en el que ambos gobernantes, Erdogan y Netanyahu, juegan para la galería y para mantener su gobernabilidad, sacrificando intereses estratégicos. Dos niños grandes jugando con fuego.


No es muy diferente esta situación a la vivida los últimos años en las relaciones entre Colombia y Venezuela, afectadas por los mandatarios de turno, comenzando en una crisis política, seguida de pérdida absoluta de confianza y culminando con el colapso del comercio bilateral.


Reconstruir relaciones rotas es un largo y penoso proceso. En el plano militar, Turquía e Israel llegaron a tener relaciones de colaboración en inteligencia y maniobras conjuntas. Ankara es un gran cliente del armamento israelí, incluyendo aviones no tripulados y blindados antiminas. El comercio entre los dos países asciende a unos US$4 mil millones al año.


La política exterior turca ha sufrido importantes giros en los últimos años, desde que llegó al poder el partido islamista Justicia y Desarrollo y por el portazo que le pegó a Turquía la Unión Europea.


En consecuencia, Ankara fortaleció sus relaciones con países como Irán y Siria, jugó a ser potencia regional y desde la guerra de Gaza sacrificó su relación con Israel. Sin embargo, la primavera árabe hizo añicos esta estrategia. Su relación con el régimen sirio de Asad se hundió, mientras que Irán, con su cuestionado régimen, sigue apoyando al dictador sirio.


Al no poder contener la crisis entre sus dos importantes aliados, Estados Unidos sufre una nueva derrota diplomática. Israel y Turquía tienen demasiados intereses estratégicos comunes, algo de lo que sus actuales gobernantes no parecen percatarse.

 

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