Por: Antieditorial

Colciencias: apenas la punta del iceberg

Por Iván Montenegro Trujillo

Sin soslayar, de ninguna manera, las responsabilidades de Colciencias por su inducida ineficiencia desde el sistema político del clientelismo en Colombia, el énfasis de la reflexión debe concentrarse, hoy y hacia el futuro, en el rol de la ciencia, tecnología e innovación en el desarrollo del país. El Espectador confirma la confusión reinante al respecto cuando plantea de manera difusa, incompleta y genérica que nuestro país debe ser propicio para la investigación y que “nuestra sostenibilidad depende de la innovación”.

Valga resaltar que el gran distanciamiento de la sociedad colombiana —incluidas sus élites— de la ciencia y la innovación tiene profundas raíces en la historia misma de nuestro desarrollo institucional —incluidas la de las universidades colombianas— y el tipo de inmigrantes desde los tiempos coloniales, junto a la sui generis asimilación superficial de la racionalidad de la ciencia moderna a la manera de una “revelación” de índole religiosa, que dificultó que las ciencias contribuyeran a la modernidad en Colombia, y cuya práctica perdura hasta el presente en nuestro sistema educativo. A lo anterior se suma, en el último cuarto de siglo, la influencia negativa del Consenso de Washington, más radical que la escuela neoclásica, y de otras escuelas, que desdeñan la importancia de la generación endógena de ciencia y su aplicación, otorgando preponderancia a la apertura comercial, la austeridad fiscal y el adelgazamiento del Estado.

Colombia tiene magnas oportunidades productivas que requieren la elaboración de agendas de investigación e innovación, tales como la producción y venta de productos de la agroindustria y la industria en mercados como el norteamericano, europeo y asiático, sobre los que  peruanos y chilenos ya han señalado caminos. Asimismo, se requiere mucha inversión pública para lograr que la agricultura y la agroindustria se adapten al amenazante cambio climático y al cambio global —genómica para especies resistentes, sistemas de riego, tecnologías de cultivo y de proceso, empaque, transporte—. Un tema de interés es la investigación en especies de uso ilícito para la generación de productivos medicinales, alimenticios y textiles —a la manera en que lo hicieron instituciones norteamericanas en Colombia con la marihuana hace 40 años—, contribuyendo a la apertura firme de nuevas oportunidades productivas para la sustitución.

La implementación de la paz, como se percibe por la opinión pública, induce la aparición de renovados y emergentes hechos y fenómenos, tales como la enraizada y muy difundida corrupción, la protesta social, el deseo de empoderamiento de conjuntos de ciudadanos por diversos intereses; asuntos que requieren de las ciencias sociales y de las humanidades para el diseño y la gestión de políticas públicas que aporten al afianzamiento de la paz y la democracia.

En síntesis, el rol de la ciencia, tecnología e innovación en Colombia significa aportar a la concertación de un modelo renovado de desarrollo con inclusión social y política. Y para ello se requiere ampliar mucho el foco de la reflexión: desde Colciencias hacia el diseño de un nuevo marco institucional en el Estado colombiano que permita desarrollar la ciencia y su aplicación e integrarla con las demás políticas públicas, incluyendo a nivel territorial.

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