Por: Mauricio Botero Caicedo

“Coleccionistas de heridas”

“Coleccionistas de heridas” es un término acuñado por el experto en contrainteligencia Joe Navarro en su libro Cazando terroristas: una mirada a la psicopatología del terrorismo. Para Navarro, los terroristas son “individuos que se desviven por coleccionar desavenencias sociales, quejas históricas, injusticias, tratos indignos o dispares, o simplemente errores, ya sean reales o imaginarios. No perdonan ni olvidan y no quieren avanzar. Se revuelcan en las transgresiones reales o, a menudo, percibidas de los demás y permiten que los sentimientos de animosidad y venganza se filtren y suban a la superficie por su constante y siempre atento cuidado de esas heridas percibidas”.

Los “coleccionistas perennes de heridas” frecuentemente destacan “eventos de décadas o incluso siglos anteriores” y Navarro insiste en llamarlas “heridas” y no agravios, resentimientos o injusticias, porque las ve como una enfermedad. Se trata de heridas psicológicas, patologías que sirven para sustentar ideas y comportamientos extremos. Navarro no tuvo oportunidad de conocer el patológico discurso que envío Manuel Marulanda a la apertura de las conversaciones del paz, misiva que hubiera encajado perfectamente en su definición sobre los “coleccionistas perennes de heridas”: “En diciembre de 1990 con el ataque a Casa Verde, mediante bombardeos, ametrallamiento y desembarcos, el señor César Gaviria liquida toda posibilidad de diálogos encaminados a buscar la paz. Con esta nueva agresión el Ejército oficial se apodera de 300 mulas de carga, 70 caballos de silla, 1.500 cabezas de ganado, 40 cerdos, 250 aves de corral, 50 toneladas de comida, destruye puentes de la comunidad, arrasa con las sementeras y quema casas, para demostrar el poderío del Estado a través de la Fuerza Pública”.

El analista de origen cubano José Azel, en un artículo del año pasado en el Miami Herald, afirma que el concepto “coleccionista de heridas” desencadena la imagen de intelectuales y políticos izquierdistas que siempre acusan a EE. UU. o a las corporaciones multinacionales por todos los males que afligen a la región. Para Azel, “los intelectuales estaban enamorados de la teoría de la dependencia, de que los recursos fluían, de forma explotadora, de una ‘periferia’ de países pobres subdesarrollados a un núcleo de países ricos. Elemento central era que los países del núcleo se enriquecen a expensas del empobrecimiento de los periféricos”. Tanto los defensores de la teoría de la dependencia como aquellos de la teología de la liberación resultaron “coleccionistas de heridas” de todos los errores sociales, reclamos, injusticias y tratamientos injustos que atribuyen a las corporaciones americanas. Para ellos, el desarrollo latinoamericano fue víctima de la codicia de estas.

¿Será que Navarro, sin saberlo, estaba hablando de la Colombia de hoy, donde existen “coleccionistas perennes” que siguen alimentándose de heridas, aunque estas tengan diez, 40 o 200 años? Basta repasar los recientes discursos de Iván Márquez y Jesús Santrich para entender que en Colombia los coleccionistas siguen activos: ellos son las víctimas, mientras que los victimarios son los empresarios, el Ejército y la oligarquía. El mismo Timochenko confirma que Márquez y Santrich coleccionan heridas: “La motivación política no considero que la tengan. No hay… No sé si narcotráfico o qué, pero en todo yo veo una motivación personal, individual”.

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2019-09-13T21:49:52-05:00

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2019-09-14T12:34:41-05:00

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