Por: Marcela Lleras

Colgados de la brocha

DESPUÉS DE LA EMOCIONANTE efervescencia de la ola verde en la pasada campaña presidencial, vinieron las elecciones y hasta ahí llegó el entusiasmo de sus promotores.

¿Pero qué pasó con los 3 millones seiscientos mil votantes, que pusieron todo su esfuerzo, su entusiasmo, su, llamémosle, fe en las propuestas de Antanas? Pues que los dejaron “colgados de la brocha”. Se hubiera esperado que después de las elecciones, los bombardeos a diario por las redes sociales siguieran activos, naturalmente con menos frecuencia. Que hubieran tenido informados a sus seguidores de las actividades del partido, buscando pretextos para mantener vivo el contacto. Eso no sucedió y no se volvió a saber de Antanas sino hasta la entrevista del 8 de agosto en la revista Semana.

Ese silencio es muy injusto con los fervorosos votantes. Con ese silencio se les ha dado razón a los que se burlaron del Partido Verde y de su candidato, a los que calificaban ese movimiento de inocuo y folclórico, producto del frenesí de unos muchachos universitarios.

El país comienza a tomar nuevos rumbos, o por lo menos rumbos distintos, y aunque no se esté en la bancada de la Unidad Nacional, se deben estar fijando posiciones y no necesariamente de oposición. Por lo menos, los congresistas del Partido Verde están haciendo control político.

El año entrante vienen las elecciones regionales y locales. Dice Antanas en su entrevista para Semana que el reto es que el Partido Verde figure y que trate de incorporarse al tema electoral en las regiones. Y sí es un reto, porque si siguen demorándose ya nadie se va a acordar de la existencia de los verdes.

Un gobierno de Unidad Nacional no quiere decir que todo el mundo tenga que creer a ciegas en lo que éste haga. Se puede controvertir, se puede diferir conceptualmente, se pueden presentar propuestas distintas con el ánimo de promover una discusión sana.

Antanas dice: “Lo que un presidente no hace en los primeros meses de su gobierno, no lo hace después”, por eso no va a pronunciarse antes de los 100 días de gobierno de Juan Manuel. Eso tiene sentido, porque apenas es justo dejar que el gobierno despegue, y éste lo hizo con pie derecho. Sin embargo, la temperatura hay que estar tomándosela durante todos los cuatro años del mandato. Se cae de su peso que no todas las decisiones de gobierno deben o pueden estar comprometidas en los primeros 100 días.

Pasó lo que muchos predecían, algunos con maldad y otros con ese sentido de la enredada realidad colombiana: que el Partido Verde era un partido que llegó a ser ola de marea alta y quedó convertido en un charquito pando y silencioso. Qué injusticia con sus seguidores. Y qué le pasó a la cúpula del partido, incluyendo a los ex alcaldes que saben perfectamente que si en política se deja de figurar en los medios, o si no se capta el interés de los medios, no se existe. Eso es lo que están pensando los 3 millones seiscientos mil votantes ignorados y desinflados.

Toda mi solidaridad con los damnificados por el carro bomba.

 

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