Elecciones 2018: Colombia elige presidente

hace 12 horas
Por: Luis Carvajal Basto

¿Colisión Colombia?

La pataleta  de Claudia López, ante el crecimiento de Fajardo en las encuestas, refleja un hecho sintomático en la política colombiana, de viejo y “nuevo” tipo: se ha convertido en un ejercicio de aspiraciones e intereses personales más que en la expresión y competencia entre formas de ver y expresar, el país y el mundo.

Antes de que la  “Coalición Colombia” alzara vuelo  dos de sus tres dirigentes protagonizaron un primer agarrón, lo que no es tan raro entre  aspirantes políticos. Puede ser que las cargas se arreglen en el camino y pasado mañana se pongan de acuerdo, sin embargo se repite entre estos candidatos alternativos un hecho muy conocido en la llamada “política tradicional”: cada quien quiere “lo suyo” y, preferiblemente, al “contado”.

El trino de la senadora con que se anuncia la “ruptura” no deja de ser contradictorio: “…Sigo creyendo que el país requiere acción colectiva y no solo individualismos destacados”.  Se puede deducir que los individualismos no funcionan cuando no le favorecen. Divide y, otros, gobernarán, puede concluirse.

Un rápido examen al interior de la eventual coalición muestra que mientras Fajardo tiene una notoria y exitosa experiencia administrativa para mostrar a la senadora López esa experiencia le hace falta: denunciar y vociferar es diferente a gobernar. Y si bien en Colombia muchos valoran sus denuncias y encendidos debates contra la  corrupción, en los que argumentos con frecuencia se ven opacados por  insultos y gritos, es diferente a que la observen como una  seria aspirante presidencial y, menos, que voten por ella finalmente.

Aunque Fajardo se mostró sorprendido por la actitud de Claudia López, en términos electorales ese rifirrafe le puede producir beneficios: su espectro u onda de opinión, más al centro que a la “izquierda”, por lo que se ha observado en sondeos y encuestas, funciona independientemente de la incierta expectativa de endoso por parte de líderes de una opinión en la que, hoy por hoy, él saca ventaja, aunque no le ocurra lo mismo con el respaldo parlamentario, sin el que ni él ni nadie puede  aspirar a ganar las elecciones.

La  dicotomía  entre política tradicional y “nuevo voto de opinión”, en términos prácticos o electorales, es una premisa falsa, como se comprobó  en la Ola Verde. Y aunque en lógica matemática, la profesión de Fajardo,  una  falsedad pueda implicar una verdad, partir de esa premisa es renunciar por anticipado a unos respaldos indispensables, cosa que no alcanza a ver un candidato distraído con su éxito en  encuestas.

No se observa un horizonte electoral con una batalla épica entre opinión “inmaculada” vs política tradicional. Los sectores, digamos, de la política tradicional que arrastran, por cualquier razón, una cauda de votantes  permanentes, definirá en buena parte las elecciones. Hasta ahora Fajardo, al mejor estilo de Claudia López, ha subvaluado a esos sectores en los que necesita respaldo si de verdad quiere ganar.

Como están las cosas, en esos sectores se perfilan  nombres que jalarán las elecciones parlamentarias, una batalla más “real”: “el de Uribe”, Germán Vargas y   De la Calle, siendo el mismo Fajardo, junto con Petro, los que menos  peso parlamentario tienen. Su primera opción sería presentar una lista cerrada para apuntalar una presencia en el congreso. La segunda, consolidar una alianza, una alternativa real, antes de las parlamentarias  con los sectores no Uribistas, Conservadores ni Vargas Lleristas: la de todos los demás.

Y en esa perspectiva Fajardo tiene una margarita para deshojar, pero en ella la senadora López no sobresale, salvo por la prematura división que ha promovido entre un sector de opinión cuya única posibilidad real de triunfo, o prerrequisito, es su unidad.

@herejesyluis

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