Por: Mauricio Botero Caicedo

¿Colocar a los cerdos en el asador?

Ante el anuncio de Alemania y Francia de respaldar la permanencia de Grecia en la Eurozona, siempre y cuando ese país se apriete el cinturón y recorte gastos, es decir, que cumpla con el drástico plan de austeridad trazado por las autoridades, los mercados de acciones globales reaccionaron esta semana de manera muy favorable.

Cuando se estructuró el ‘Tratado de Maastricht’ los arquitectos de la Unión Monetaria siempre asumieron que la pérdida de flexibilidad al ceder el control del tipo de cambio y las limitaciones en el manejo de las tasas de interés no conllevarían a políticas económicamente irresponsables por parte de los países más débiles de la Eurozona. El desempeño de varios de estos países les ha dejado saber a los arquitectos de la Eurozona lo equivocados que estaban. A pesar de haber aceptado la imposibilidad de poner a funcionar la ‘maquinita de hacer billetes’ (herramienta preferida de los gobiernos populistas en el mundo entero), buena parte de los países en la Eurozona nunca cumplieron con las metas fiscales trazadas por Bruselas y siguieron endeudándose sin agüero ni criterio. La Unión Monetaria, según un experto: “No llevó a la convergencia, sino que exacerbó las diferencias políticas y sociales existentes”.

El abanico de soluciones de la crisis del euro se estrecha cada día más: o se siguen dando apoyos temporales sin buscar una solución de fondo; o se emiten eurobonos que políticamente son inaceptables para buena parte de los alemanes y franceses; o se acepta que la Eurozona se debe reducir a un limitado grupo de países que incluya a Alemania, Francia, Austria, Holanda y máximo dos o tres más.

En reciente artículo, el analista internacional Sol Palha hace una propuesta radical: “Eurozone: Trim The Fat, Roast The PIIGS”. A esta altura en el camino, lo que Palha sugiere, haciendo un juego de palabras tan divertido como injustamente peyorativo, es asar (roast) a los marranos (PIIGS), o sea obligar la salida de la Eurozona a los países denominados PIIGS: Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España.

Palha es sólo uno entre un creciente número de analistas que ven la desintegración parcial de la Eurozona como el menos malo entre dos o tres pésimas alternativas. Para el profesor Nouriel Roubini, “Grecia y otros países ‘rezagados’ de la Eurozona quizá se vean obligados a abandonar la moneda común en los próximos años para impulsar sus economías. Una ‘depreciación real’ en el euro es necesaria para restaurar la competitividad de países como España, Portugal e Italia”. Para Roubini, “el euro seguirá siendo la moneda de un menor número de países que tiene ‘fundamentos fiscales y económicos más fuertes’.

Posiblemente la pregunta de fondo es si ¿una eventual salida de todos o algunos de los PIIGS implica necesariamente la desintegración del euro? Los líderes de la Comunidad han descartado hasta ahora la idea que un país abandone la Eurozona, señalando que generaría un desastre en ese país y causaría graves problemas sistémicos en otros socios del grupo de 17 países. Adicionalmente, ante un abandono de la Eurozona o cesación de pagos los países restantes se verían forzados a refinanciar a buena parte de sus bancos que incurrirían en pérdidas enormes, poniendo de nuevo al sistema financiero al borde del colapso.

La segunda pregunta es ¿si los griegos, los portugueses, los irlandeses, los italianos y los españoles están con el ánimo de aceptar los recortes a los gastos sociales, las reducciones salariales, las privatizaciones y la venta de activos estatales exigidas tanto por la Unión Europea como por el FMI como precio para continuar con futuros rescates? Para el autor de esta nota, las condiciones de austeridad no son ni política ni socialmente aceptables. La actual Eurozona tiene los días contados.

 

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