Por: Catalina Uribe

Colombia congelada en el tiempo

En los últimos días he estado haciendo un trabajo de archivo que implica la revisión de varios periódicos colombianos durante los pasados 40 años. A pesar de lo fascinante que es revivir a través de los diarios varios episodios de la historia de Colombia, es curioso y a la vez triste encontrar noticias tan parecidas, si no iguales, a las de hoy.

Empecé leyendo sobre la operación tortuga de los pilotos de Avianca y los estudios sobre la inminente necesidad de un metro en Bogotá durante los años 70. Después, a lo largo de los 80 y 90, me encontré con el crecimiento del narcotráfico y las respectivas discusiones y angustias sobre qué pensará el mundo, y en especial EE. UU., de nosotros. Los periódicos denunciaron el trato de colombianos en aeropuertos internacionales, así como las estrictas revisiones de nuestras exportaciones. Vinieron entonces las críticas a la fallida guerra contra las drogas.

La pesadilla que para nosotros ha representado el narcotráfico condujo, como toda guerra difícil de ganar, a las discusiones sobre la negociación con terroristas. Caricaturas se burlaron durante finales de los 80 y principios de los 90 de quienes apoyaban y quienes se oponían a una negociación con narcotraficantes. Lo mismo ocurrió con la desmovilización del M-19. Se acusó a los gobiernos de turno de blanditos y encontré varias notas hablando de “la entrega del país”.

Después vino la famosa Asamblea Nacional Constituyente y con ella el polémico debate sobre la extradición. Pero me llamó la atención que muchos de los titulares que predominaron después de su aprobación tenían que ver con el IVA. Hubo varios periódicos cuya edición estaba, en su mayoría, dedicada a la reforma tributaria, mostrando las muchas inconformidades de los colombianos con los impuestos.

Pensando en la cita de Mark Twain: “La historia no se repite, pero rima”, consideré titular esta columna “Colombia cíclica”. Esto, sin embargo, supondría que hemos sufrido alguna especie de cambio significativo, pero este no pareciera ser el caso. Nuestros problemas hoy son prácticamente los mismos de hace 40 años. Vivimos atrapados en un limbo tortuoso donde ni nos acabamos ni nos mejoramos del todo. Somos una país con voluntad, pero a veces no con voluntad suficiente. Tenemos futuro, pero se nos queda corto. No nos separamos, pero tampoco trabajamos juntos.

 

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