Colombia, el país en busca de culpables

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Estos 75 días de aislamiento por causa del COVID-19 nos han vuelto más miedosos, “quejetas”, bravucones, deprimidos, huraños e incluso más violentos. Las cifras de homicidios en Bogotá durante la cuarentena aumentaron sustancialmente con respecto al mismo periodo de 2019. En fin, la vida se ha hecho más pequeña y pareciera no tener salidas. En mi caso me ha permitido abrir más los ojos a mis propias debilidades. A veces por la edad (soy un cincuentón) pensamos que comenzamos a sabérnoslas todas. Sin embargo, durante este tiempo las circunstancias me han permitido conocer más de cerca la forma de pensar de mis “veinteañeros” hijos. Uno de ellos me soltó una frase que me reeducó de sopetón: “No te dejes llevar por tu locus de control externo”.

Mi respuesta fue: ¿qué es eso?

Para entender el término me remitió a un video en YouTube de una de las fundadoras de una exitosa empresa de viajes escolares. La emprendedora, a quien no tengo el gusto de conocer, es Ángela Gómez, quien luego de ver su charla de menos de 14 minutos se volvió mi nuevo gurú en medio del encierro. Entre 2002 y 2003, con las circunstancias por las que atravesaba Colombia, era, cuando menos, un despropósito fundar una empresa para llevar estudiantes bogotanos a excursionar por el país. Pues bien, con pasión y perseverancia estos socios fueron capaces de convencer a unos incrédulos padres de familia y a las autoridades educativas de volverse operacionalmente viables en medio de un país en guerra. “Maldito país”, el mantra que nos tiene atontados a millones de colombianos, fue el leitmotiv para estos idealistas y arriesgados empresarios.

Los atentados seguían por el país, los paros armados del Eln también, las pescas milagrosas, bombas como la de club El Nogal, no eran noticias alentadoras para estos expedicionarios. Así trascurrió la “quijotada” de tratar de implementar “la peor idea del mundo”. Y llegó el 2011 con el fenómeno de La Niña. Hubo más de 2.000 inundaciones durante el diluvio más grande de este país en 100 años. Dice la señora Gómez que para continuar tuvieron que recurrir a una nueva mentalidad: ¡Si llueve es culpa nuestra!

Desde ese día todo lo que ocurría en su entorno era exclusiva responsabilidad de ellos y de nadie más. Hasta ese momento, si había zika o chikunguña o bloqueos pasarían del locus de control externo, es decir de echarle culpas al gobierno, los alcaldes, el clima, el dólar, al locus de control interno. En otras palabras, todo lo que sucediera iba a tener en ellos a los únicos responsables. Hoy en día y gracias a esta forma de enfrentar las adversidades de un “maldito país”, son una de las empresas que pueden llevar excursiones de jóvenes escolares a 18 países con los mejores estándares de operación. Qué más se podría esperar de una compañía que nace en un país donde a todos les echamos la culpa, menos a nosotros.

Al terminar el video, supe el mensaje de mi prole: las consecuencias del COVID-19 en mi vida son culpa mía. Nadie más desde el punto de vista mental, social o económico va a ayudarme en esta cruzada mundial por superar la pandemia. Desde ese día cada vez que abro los periódicos y observó la forma destemplada y oportunista como mandatarios locales, regionales y nacionales buscan culpables a diestra y siniestra para responsabilizar de lo que sucede a otros, me detengo a analizar qué hubiera podido hacer esa personalidad si asumiera el control de lo que puede cambiar y dejara de una vez por todas de maldecir a los demás. Buscamos culpables por nuestra impuntualidad, violencia y subdesarrollo. Todas disculpas exógenas que no podemos controlar. Por eso, a partir de ahora, prefiero mi locus de control interno que me permite saber que puede intervenir en cada situación.

De pronto parodiando a Nicanor Parra: “Nuestro proyecto fue cambiar el mundo (el COVID-19) y el mundo (el COVID-19) terminó cambiándonos a nosotros”.

@pedroviverost

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