Por: Gonzalo Silva Rivas

Colombia es pasión

Pese a que el portafolio de servicios colombiano cuenta con un rico y diverso potencial turístico, su principal mercado ha estado concentrado preferencialmente en el consumo doméstico.

La necesidad de mostrar un rostro renovado y respetable del país, contribuir al empleo y fortalecer el ingreso de divisas, hizo que el gobierno Uribe marcara un punto de inflexión para promoverlo e incentivarlo en el escenario internacional.

Con la intención de darle forma y uso y cambiar la pasmosa inercia de esta industria se creó el Viceministerio de Turismo y como herramientas complementarias se lanzaron una marca país, “Colombia es pasión”, y otra turística soportada en el eslogan “El riesgo es que te quieras quedar”, dirigidas a desmitificar la imagen negativa que llevamos cargando a cuestas.

La estrategia ha arrojado ciertos resultados. El turismo internacional viene en crecimiento y, de acuerdo con la OIT, de 616.000 extranjeros que llegaron en 2001 se pasó a 1’475.000 en 2010. Claro está, a la zaga de naciones como México, que en sus mejores tiempos recibía más de 20 millones de turistas; de Argentina, Dominicana y Puerto Rico, que sobrepasan los 4 millones, e incluso del silencioso Uruguay, con 2 millones.

“Colombia es pasión” y “El riesgo es que te quieras quedar”, atractivas campañas multimotivacionales sobre la calidad de nuestras gentes y destinos, juegan papel importante en este lento despegue turístico. Han recorrido el mundo persuadiendo sobre nuestras fortalezas y virtudes, pero también dejan el sinsabor de que arrastran un controvertido mensaje subliminal al emplear términos de discutible acepción junto a un corazón flameante sobre fondo rojo y el off de una voz ciertamente apasionada. Símbolos que nos asocian con violencia, fenómeno que con empeño se busca desterrar.

La reciente publicación de un ranquin mundial de reputación entre 51 naciones, elaborado por la consultora Reputation entre ciudadanos del G8, nos deja mal parados. En el puesto 47. Es evidente que las buenas intenciones, los vientos de cambio que se anuncian a boca llena para vender y proyectar un país atrayente son tímidos, casi imperceptibles. No obstante el optimismo que a veces nos motiva a sacar pecho, en el imaginario global se nos sigue percibiendo como siempre.

Mientras así nos vean y los Jinetes del Apocalipsis recorran Colombia, país cargado de tanta pasión, algunos podrían pensar que “el riesgo es que te quieras quedar”.

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