Por: Hernán Peláez Restrepo

Colombia ganó porque quiso

Habría sido muy fácil sacar a Víctor Ibarbo y meter un volante de marca.

Tras la victoria contra la selección de Grecia, pocos habrían juzgado al técnico José Pékerman si en el minuto 12 del segundo tiempo contra Costa de Marfil el que entra no es Juan Fernando Quintero sino un jugador con más fuerza, marca y recuperación.

Pero el estratega argentino de la selección de Colombia se la jugó por el más pequeñito del equipo. Un muchacho de apenas 21 años, con muy pocos partidos con la selección de mayores y una absoluta vocación ofensiva. Fue ahí cuando Colombia decidió ganar el partido frente al equipo de Costa de Marfil.

Ya se habían corregido los pocos puntos débiles mostrados en el estreno frente a los griegos, cuando faltó consistencia, orden y equilibrio en las líneas. Contra los africanos, en cambio, Colombia fue un equipo muy compacto, muy solidario y con unas ideas claras de lo que tenía que hacer.

El equipo entendió cómo había que enfrentar al rival y manejó los dos tiempos que tiene el fútbol: el de la recuperación de la pelota y el tiempo de la administración.

Fue una Colombia muy práctica. Conociendo la velocidad de los equipos africanos, cada vez que tuvo la posesión del balón buscó lidiar con sus rivales en el menor tiempo posible. Jamás quiso entretenerse con el balón en los pies, hizo cambios de frente permanentemente, tiró pelotas profundas y manejó territorial y psicológicamente el partido.

Y cuando el rival apostó por pelotas quietas o balones cruzados, aparecieron los centrales Mario Alberto Yepes y Cristian Zapata, siempre apoyados por el volante Carlos Alberto Sánchez, para rechazar todo lo que caía sobre el área colombiana.

La selección de Colombia fue convincente y dio un paso enorme hacia la consolidación de un equipo. Este grupo, con mucho talento en sus individualidades y que uno siempre quiere ver ganar, alegra más cuando lo hace con sentido colectivo, con solidaridad y con sentido táctico.

Contra Costa de Marfil la victoria llegó con justicia. Fue merecida porque Colombia la buscó. Y el ingreso de Quintero dio el mensaje: Pékerman quería ganar el partido.

 

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