Por: Arlene B. Tickner

Colombia: internacional y parroquial

En Colombia coexisten dos tendencias contrapuestas a la hora de examinar las relaciones del país con el mundo.

Por un lado, se observa un progresivo proceso de internacionalización económica, política y socio-cultural que se ha traducido en una mayor inserción en el mundo. Pero por el otro, los asuntos mundiales (con pocas excepciones, como el diferendo con Nicaragua) ocupan un lugar marginal dentro de la cotidianidad nacional, que se refleja en la escasez de debates calificados sobre la política exterior. Los resultados de la encuesta Colombia y el mundo: opinión pública y política exterior, de la Universidad de los Andes, confirman la existencia de una dicotomía similar entre la población general.

El interés que los colombianos manifiestan por los temas internacionales, su apertura hacia las ideas y los valores de otras latitudes, y su valoración positiva de las contribuciones hechas por los extranjeros residentes en Colombia, se oponen a su marcado aislamiento frente al mundo. Aunque la mitad tiene algún familiar que vive en el exterior, un 70% nunca ha viajado fuera del país y un 91% no habla ningún idioma distinto al español.

En contraposición a la aceptación genérica que existe de la presencia en el país de personas de otras nacionalidades, la mayoría de los colombianos se opone a otorgarles derechos políticos plenos. Aunque la mitad favorece su ejercicio del voto, un 64% rechaza la posibilidad de que un extranjero nacionalizado sea elegido senador o representante del Congreso, pese a que la Constitución de 1991 reconoce dicho derecho.

De forma similar, la acogida que hay de la globalización económica, el libre comercio y, en menor medida, la inversión extranjera, contrasta con opiniones más divididas a la hora de evaluar acuerdos comerciales específicos, como el TLC con Estados Unidos —43% opina que beneficia algo a Colombia, mientras que 25% poco o nada— o los efectos del libre comercio sobre sectores sociales determinados, como los campesinos.

En cuanto al papel internacional ejercido por Colombia, la opinión nacional prefiere que el país ejerza influencia sobre los asuntos mundiales, pero considera que unos mecanismos son más deseables que otros para lograrla. Valora los recursos comerciales y culturales, el segundo de mínima importancia dentro de la política exterior, y desestima el peso de lo militar, aunque la “exportación de la seguridad” se ha convertido en un foco de la estrategia del gobierno Santos.

Los colombianos no creen que Colombia deba aspirar a ser líder regional, pese a la centralidad que debe ocupar América Latina en la interacción con el mundo. El 81% y el 73%, respectivamente, piensan que la relación con Venezuela y Ecuador es muy o algo importante, mientras que más de la mitad estima que ambas son buenas. Existe una evaluación muy positiva de la relación con Estados Unidos. La radiografía ofrecida por Colombia y el mundo es de un país que se mueve entre la atracción por lo internacional y el anclaje en lo parroquial, tendencia que ayuda a descifrar algunas reacciones a los hechos globales que de otro modo serían incomprensibles.

 

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