Colombia, ¿la Venezuela de la extrema derecha?

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“No faltan los idiotas con el estribillo ‘la marcha no es de nadie’. Cuando (sic) la marcha es de Petro y las Farc y su JEP y Santrich y los intocables narcotraficantes y sus cultivos”: trino de Juan Carlos Pastrana, hermano del expresidente Andrés Pastrana. Como se sabe, los Pastrana cogobiernan a Colombia en este convulsionado periodo. Por eso, impusieron, como cuota suya, a la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez que aspira a suceder a su jefe nominal, Iván Duque, aunque posa, ya, como mandataria. También se sabe que J.C. Pastrana es cuñado de la senadora Paloma Valencia, zarcillo de Álvaro Uribe y joya de la clase que durante siglos ha ejercido un mal dominio sobre el Cauca hasta llevar a esa región a ser una de las más desiguales de la nación y el continente. En resumen, Pastrana pertenece a las castas zánganas del país que disfrutan, desde la altura de sus penthouses, de sus privilegios. Y que bostezan frente a las realidades de los otros, cada vez que un pobre, un clase media o un “igualado” (como suelen calificar al que pretenda acercárseles sin tener pergaminos), reclaman, no las riquezas de que gozan ellos, ni más faltaba, sino unos pocos derechos. ¡Qué aburrimiento tener que soportar las cacerolas y los gritos de los “idiotas” que piden educación, salud y un trabajito con remuneración que alcance para pagar las cuentas del mes!

“La ciudad se debe llenar de retenes militares. Los terroristas y los malandrines no deben tener movilidad alguna. Raqueta venteada para proteger a la ciudadanía”, propone Pastrana haciéndose el gracioso con el uso del eufemismo “raqueta venteada”, por la presencia de Federer en Bogotá, que disimula la intención directa de darle bala al que no obedezca con el fin aparente de devolverle la tranquilidad “a la gente que pasó la noche rechazando asaltantes (pues) muchos fueron asaltados (sic) por las hordas”. Las falsedades de este personaje de la presunta aristocracia criolla no merecerían espacio ni tiempo de no ser porque revelan lo que piensa el núcleo duro del poder al cual pertenece el presidente “eterno”, pero no el presidente de la República, avasallado por quienes lo llevaron a la Casa de Nariño. Y esto piensa el cónclave uribista, por boca de J.C.P., de la propuesta que Duque planteó para paliar la crisis evidenciada en las calles en los últimos días: “(si) el presidente conversa, ¿quién gobierna?”. “El presidente dice que conversará hasta el 15 de marzo próximo, ¿en La Habana?”. “¿Conversará el presidente con el narcotráfico en las Infumigables Repúblicas Independientes de la Coca? ¿Ya sacó visa?” “Más fumigación y menos conversación debe ser el grito”.

Mano armada exige el núcleo. Entre tanto, un Duque dubitativo se refugia en su sede, incapaz de tomar decisiones, aferrado a su cortesía con la esperanza de conseguir, fingiendo, el aplauso de tirios y troyanos mientras sus amigos lo engañan con análisis fantasiosos. Luigi Echeverri, el hombre del presidente, le informa a su cadena virtual de mando, que el problema no reside en la Administración ni en su partido sino en los demás: “hay un gobierno responsable, respetuoso y democrático al que lo van (sic) a criticar y a culpar de todo haga lo que haga. Porque (sic) esa es la moda… y porque los medios se ocupan de dividirlo más en su cotidiana desmedida (sic) producción de difamación y circo”. Reafirma el oráculo del gobernante: “Hay una fiebre de protesta… alentada irresponsablemente por las redes sociales y los medios de los cuales se valen terroristas, comunistas, socialistas y todo tipo de activistas para crear pánico social”. “Hay un gran líder satanizado por los que controlan los medios…” “Hay un parlamento lleno de manzanillos demagogos de profesión…” “Hay unos empresarios grandes, pequeños y medianos que son héroes… y hay también los que viven desentendidos lamentándose…” “Hay una juventud que nunca se ha pagado sus cuentas ni le ha tocado trabajar por nada. Hay una horda malcriada… a la cual le han lavado la cabeza…”. Faltaba la voz del amo Uribe que dictó sentencia para darle la bendición de “legítima” a la patada de un agente del Esmad que derribó a una joven manifestante, porque ella lo habría agredido antes, no importa que el tipo haya sido armado por el Estado y esté entrenado para el combate, y que la joven sea una chica menuda tratando de defenderse de él y de sus compañeros también armados. Pero “la vida tiene consecuencias”, falló el “gran líder satanizado”. Lo cierto es que ni Uribe, ni Duque, ni el tal Luigi, Pastrana, su cuñada Valencia, Cabal, Holguín, J. O. Gaviria, Londoño, Nieto, Trujillo, Rangel, etc., y sus cuerpos civiles listos para reactivarse con sus propias armas como lo expresaron en videos antes de las protestas, entendieron que el país está a punto de explotar. ¡Quién lo hubiera imaginado: Colombia será la Venezuela dictatorial y represora, pero de la extrema derecha!

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