Por: Claudia Morales

Colombia, ¿lejos o igual a El Salvador?

“Del miedo a la ingobernabilidad: La salvadoreñización de Colombia” es el más reciente análisis de Joaquín Villalobos, exguerrillero salvadoreño. El título plantea un paralelo entre Colombia y El Salvador desde una óptica, la polarización política.

Villalobos empieza su texto con lo siguiente: “El Salvador es un país que pasó de lo sublime a lo ridículo. Veinticinco años después de haber concluido una cruenta guerra civil mediante un exitoso proceso de paz que trajo por primera vez la democracia, los salvadoreños viven una parálisis económica, una crisis política crónica y una catástrofe social que generó un poderoso fenómeno criminal. Este dramático contraste es utilizado para decirles a los colombianos que la paz con las Farc es un peligro”.

El analista explica que “no es de un acuerdo de paz de lo que deben preocuparse los colombianos, sino de la polarización política extrema que ya está en desarrollo en Colombia, porque fue precisamente la polarización la que convirtió una oportunidad en un desastre en El Salvador”.

Hago unas salvedades antes de continuar con el texto de Villalobos. El conflicto armado con el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional —Fmln— duró 12 años, no 60 como con las Farc en Colombia. La economía del país salvadoreño depende de las remesas, mientras que Colombia tiene una dinámica diversa que le permite sostenerse en el mercado mundial y abastecer la demanda nacional. Y a pesar de que la corrupción ha permeado todos los estamentos del Estado, Colombia ha tenido una fortaleza institucional admirable que, comparada con El Salvador, muy débil desde sus orígenes republicanos, representa una ventaja histórica.

Con esos y tantos factores que diferencian a los dos países, Joaquín Villalobos destaca unas realidades que debemos atender. Él cuenta que, luego de la firma de la paz, su país fue incapaz de agrupar fuerzas políticas para construir y los partidos quedaron bajo el dominio de gente que produce vergüenza. “Competir desde antagonismos extremos crea un círculo vicioso destructivo que encadena los antivalores miedo-odio-división-conflicto-crisis y esto conduce a la ingobernabilidad”.

Eso, aplicado a Colombia, queda sintetizado así: “Al final, la política salvadoreña en la posguerra ha sido una apuesta permanente al fracaso del otro que ha terminado convertida en el fracaso del país. Esta es la verdadera lección que debe aprender Colombia del caso salvadoreño. Activar el miedo es fácil, reunificar un país dividido por el odio puede volverse imposible”.

Le pregunté a Francisco Gutiérrez Sanín, antropólogo y director científico del Observatorio de Restitución de Tierras y Regulación de la Propiedad Agraria, qué opina de lo que escribió Villalobos, y me dijo: “No veo claro el espectro de la polarización después de los acuerdos. Colombia sólo podría estar polarizada si hubiera dos partidos de extremos radicales, pero si usted mira, están las fuerzas uribistas que son la derecha radicalizada, y al otro lado quedan los demás que se han corrido al centro o no están en un extremo radical”.

Me gustaría ver la realidad como el profesor Gutiérrez, pero mis temores me acercan más a las advertencias de Joaquín Villalobos. Y quisiera que quienes detentan el poder entiendan que son ellos los que al final le fallan a la sociedad. El fracaso nunca será culpa de la paz ni de la democracia.

* Periodista.

@ClaMoralesM

 

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