Por: Gustavo Páez Escobar

Colombia negativa

A menos de la mitad del período presidencial, Santos perdió la brújula.

Increíble que esto suceda con un hombre de su experiencia, su disciplina y preparación, y que tantos signos alentadores dio en los inicios de su gobierno. Tremenda frase la que alguien ha lanzado para calificar la situación actual: “Este gobierno tiene poder, pero no tiene fuerza”.

Tal vez el Presidente se dejó halagar por los altos índices de popularidad, se dedicó a viajar demasiado por el exterior, no mantuvo la necesaria cohesión ni el suficiente empuje en su equipo ministerial, y así, poco a poco, el país se le fue saliendo de las manos. Los que no dormían eran los políticos, una casta ambiciosa, voraz y ajena a los supremos intereses de la nación.

El espectáculo grotesco que presenció el país en los últimos días, cuando las tres ramas del poder quedaron involucradas en la creación de un engendro legislativo nunca antes visto, pone de presente el detrimento moral a que hemos llegado. Si los magistrados perdieron el pudor para negociar en la sombra ventajas en beneficio propio, es porque los dientes de la corrupción muerden en todas partes.

Todo vale, es la regla nefasta que ha arruinado los principios y desquiciado al país. La inmoralidad invade la vida nacional. Los negociados de la contratación y la corrupción de la justicia se convirtieron en frenos para avanzar por terreno seguro. Grandes proyectos de obras públicas están detenidos.

El Gobierno, que supo a tiempo la desviación que sufría su proyecto de reforma judicial, permitió que se consumara el adefesio, el que luego fue destruido por la opinión pública. El ministro de Justicia, funcionario actuante y decisivo en el trámite de la ley abortada, parece que hubiera cerrado los ojos ante la estocada final. Para guardar cierta compostura, se mostró como la víctima del naufragio, lanzándose a las aguas de la borrasca en que él mismo había participado.

Mientras tanto, los magistrados han guardado sospechoso silencio. Silencio culpable que de manera visible devela su culpa. Ya nada se puede ocultar en esta farsa de engaño al país y de traición de los sagrados deberes que impone tan alta dignidad. “Los magistrados no tienen la capacidad ética para estar en una corte”, sostiene Carlos Caballero Argáez, que dirige la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes y es una de las conciencias jurídicas y críticas más respetables del país. Y afirma que el Presidente ha perdido la gobernabilidad.

Esto lo corroboran las últimas encuestas de opinión y los rumores que se escuchan por todas partes. Tal el ambiente de detrimento y confusión que hoy se respira. Así, se ha llegado a esta dolorosa realidad, a este caos enervante y a esta incredulidad generalizada. Colombia está enferma de grave afección. Cuando falla la moral, se agiganta la corrupción y se atrofia la credibilidad en los gobiernos. Ahora, rectificar el paso no es tarea fácil. Habrá que buscar medidas heroicas, y ojalá se encuentren. Ese es el gran reto que aparece en el futuro incierto del país.

En otro sentido, la economía va por buen camino. Pero la sola economía no es suficiente. Tampoco pueden ignorarse los logros en el combate del terrorismo. Grandes golpes se han dado contra la subversión, si bien esta no muestras señales de querer ceder en sus fines destructores.

Desde el lado de la oposición, el expresidente Uribe arremete contra el Gobierno y le endilga todos los males que nos agobian, muchos de los cuales vienen de su propia administración. Por supuesto, él no está dispuesto a calmar su ánimo belicoso, y cada día será más tormentosa su actitud dentro del objetivo que acaba de anunciar de volver a conquistar el poder. Estos vaivenes y nubarrones de la política desconciertan al país. Erizan a la ciudadanía. Según Global News Intelligence Latinoamérica, Uribe representa la más alta fuente de información negativa del país, con un 40,2%, mientras la guerrilla apenas significa el 12,2%.

Después de los descalabros, el Gobierno debe recoger los platos rotos, despejar el camino y buscar mejores horizontes. La dura oposición de Uribe debe convertirse en acicate para hacer mejor las tareas. “Soldado prevenido no muere en guerra”, dice el refrán popular. En eso confiamos. Hay que respaldar al Gobierno, al que elegimos con una alta votación. A Santos, hombre inteligente, pragmático, sereno y audaz, le corresponde convertir en positiva la Colombia negativa que tanto nos duele hoy.

escritor@gustavopaezescobar.com

 

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