Por: Hernando Roa Suárez

Colombia no necesita “barbies”

En medio de nuestro fascinante y atormentado país,acosado por las violencias abiertas y estructurales que nos acompañan, especialmente desde hace 60 años, acabamos de tener una semana de acontecimientos vertiginosos, donde, por supuesto, podemos destacar el éxito político - militar de la Operación Jaque, y la espléndida exposición mediática, de un ser humano, que encarna hoy, aspectos notables de las culturas colombiana y francesa.

Seis años, cinco meses, nueve días, hubo de soportar Íngrid Betancourt Pulecio, hasta que su liberación se convirtiera en noticia mundial. Comprometida con el destino de su movimiento político, fue convertida por las Farc, junto a tres funcionarios norte americanos, en la más importante prenda de negociación de la más antigua seudo–guerrilla del mundo. Y cuando sus esperanzas de libertad eran muy limitadas, una acción político–militar inteligente, astuta e intrépida, permitió su retorno a la arena política y al mundo de sus afectos.

Han sido cuatro días de permanentes narraciones, grabaciones, textos, comentarios, que seguramente darán origen a libros, obras de teatro y películas, originadas en nuestro país, a partir del  miércoles 2 de julio del presente año.

La complejidad de la realidad, desborda la imaginación. ¡Qué país el nuestro! Y ahora, cuando los gobernantes del mundo han congratulado al colombiano y a sus fuerzas militares, por su triunfo político, emerge la personalidad de Íngrid. Y es que, del análisis de contenido realizado, al interior de sus múltiples y variadas declaraciones, puede observarse,con meridiana claridad,  que se trata de un ser humano curtido por el sufrimiento y la soledad, que posee dotes cualificadas, como mujer y como líder. En efecto, ella ha mostrado que es inteligente, solidaria, valiente, altiva, trabajadora, agradecida, religiosa, comunicativa, política y madre amantísima. No olvidemos su testimonio: “Quiero compartir con ustedes la dicha de tener a mis hijos junto a mi después de no verlos. Estos niñitos son mi orgullo, mi luz, mis estrellas. Por ellos seguí con ganas salir de esa selva, por volverlos a ver”! Qué bello momento de su existencia!

Pensando en sus antecedentes familiares, deseo anotar que Íngrid es una combinación magnífica de la inteligencia, espíritu de lucha, imaginación creadora y vocación de servicio público, de su padre Gabriel Betancourt y la sensibilidad social, persistencia, y responsabilidad maternal histórica, de Yolanda Pulecio. Esta herencia genética, fue maravillosamente potenciada por el contexto colombiano y la cultura francesa, desde su niñez y por ello no es al azar que exprese, con sinceridad, que su amor está compartido entre estas dos naciones.   

La extraordinaria exposición mediática de estos días, le ha permitido a Íngrid,como nunca antes, que el  mundo observe, pero especialmente Colombia y Francia, la capacidad de conmover que tiene una mujer, con un futuro que, se me antoja promisorio, si su vocación de servicio la retorna abiertamente al trabajo con los humillados y ofendidos de nuestro país, tan necesitado de nuevos liderazgos políticos, capaces de hacer comprometer a la juventud universitaria y a los sectores populares, con el ejercicio ético de la política. Colombia no necesita “barbies”, sino líderes políticas con sentido de grandeza y compromiso real con los valores de la democracia participativa.

Por su formación y convicciones, Íngrid conoce bien los presupuestos teóricos y las implicaciones prácticas de la libertad, la fraternidad y la igualdad. Estos grandes valores, que buscaron institucionalizarse a partir de 1776 y 1789, fueron  importantes para las gestas libertarias de Europa, de América, de Colombia… y significantes para nuestro desarrollo institucional, hasta nuestros días. Mas, como nos lo recordaría hoy Jean Paul Sartre, en su prólogo inolvidable a “Los condenados de la tierra”, están pendientes múltiples realizaciones prácticas a través de políticas públicas que nos permitan disfrutar y sentir, el igualitarismo y la equidad en el siglo XXI.

Acabamos de pasar una semana plena de hechos que nos han conmovido, facilitando la eclosión abierta de las implicaciones que conlleva vivir en libertad y construir democracia participativa, según los presupuestos de nuestra Constitución. Bien por Íngrid y mis mejores anhelos para que su vocación política contribuya a la construcción de la paz, fundada en la justicia social.

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