Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Colombia en paz, ¿conservará lo salvaje?

Colombia tiene algo de Magia Salvaje y está cautivando la atención del mundo con el 51% de su superficie en bosque natural y con los avances en las conversaciones de La Habana.

Más del 70% de los municipios identificados por Naciones Unidas como prioritarios para la construcción de espacios de paz tienen un área muy importante en reserva forestal. En el posacuerdo debe haber acciones que armonicen vida silvestre y paz.

Desde siempre, las sociedades primero transformaron las áreas con los mejores suelos para la producción de alimentos. Las reservas forestales que aún son bosques, lo son porque están sobre suelos frágiles e inapropiados para la producción agropecuaria tradicional.

El gran reto para la gestión de una paz estable y sostenible, en zonas boscosas, es buscar alternativas productivas que eviten que la construcción de vías de acceso, titulación de tierras, crédito productivo, apoyo a la construcción de vivienda, centros de salud y educación —todo adelantado con participación comunitaria y buenas intenciones— nos lleven a la destrucción del bosque y a su transformación en pastos para ganadería con baja capacidad de carga y acelerados procesos de erosión que empobrecen y llevan a la insostenibilidad.

La pregunta es: ¿cuál es la estrategia para que una sociedad que quiere crecer en paz y apoyar procesos productivos que dignifiquen la vida en el campo genere procesos sostenibles que usen y conserven el capital natural?

El reciente foro de Naciones Unidas en Nueva York evidenció que el mundo les está dando importancia creciente a los ecosistemas naturales y a los bosques como reguladores del clima global. Esto genera nuevas y mejores alternativas económicas, sociales y ambientales para conservar y usar estos territorios en actividades distintas a cultivos de pancoger y ganadería extensiva.

El bosque natural es espacio privilegiado para la captación de recursos por pago de servicios ambientales y para el turismo sostenible. Pero no sólo de esto debe vivir una comunidad. Es importante adelantar sistemas agropecuarios sostenibles que abastezcan a las comunidades locales de alimentos y ofrezcan a los visitantes productos amigables con el medio ambiente. Me refiero —como lo mencioné en la columna anterior— a sistemas productivos que se enmarquen en los principios de sostenibilidad: café producido bajo bosque biodiverso y sin agroquímicos; ganadería sostenible donde los árboles alimentan al ganado y conservan humedad, suelos y biodiversidad; cacao producido en arreglos agroforestales; cremas, ungüentos medicinales y frutos producidos con plantas nativas. Tenemos que buscar alternativas y aprovechar el nuevo contexto mundial.

Para construir la paz es necesario comenzar por acuerdos locales para un ordenamiento ambiental territorial que, partiendo de la oferta natural y las características biofísicas del territorio, conserven y utilicen los servicios ecosistémicos. Los excombatientes de las Farc tienen un importante papel en la construcción de estos acuerdos.

Hoy, la gran oportunidad frente al mundo, que nos observa y apoya, es explorar formas para el uso sostenible de nuestro capital natural y evitar que se degraden espacios hoy conservados. Crear una nueva sociedad exige articular mejor conservación y vida silvestre con la construcción de la paz entre los seres humanos y con el medio natural.

@Juparus

 

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