Por: Antieditorial

Colombia siempre ha vivido en medio de la violencia

Por Nicolé Garpal

El editorial "Colombia sigue siendo un país violento”, pese a que señala algo evidente, marca una centralidad de la violencia en aquella que se consuma por cuenta de la violencia intrafamiliar y por diversos conflictos atribuidos a la intolerancia. Con ello entonces se soslaya la violencia que continúa haciendo estragos por cuenta del Eln y otros grupúsculos guerrilleros hoy vigentes, además de los casi cuotidianos crímenes perpetrados por las denominadas bacrim y más estructuras delincuenciales organizadas; donde necesariamente hay que hacer hincapié en los recurrentes asesinatos de no pocos líderes sociales y que suelen provenir de sectores paramilitares o de ultraderecha. Expresar que “en Colombia terminó el conflicto armado con las Farc, pero siguen ocurriendo asesinatos y agresiones en tasas alarmantes” puede concebirse como un modo de insinuar que se pretendía que con la desmovilización de las Farc, Colombia habría de pasar a ser, automáticamente, un país preñado de paz, algo sobremanera ingenuo, sin duda.

Por otra parte, lo de “Colombia sigue siendo un país violento” en mi caso lo cambio por “Colombia siempre ha vivido en medio de la violencia”; y al respecto complemento con esto: son no pocas las almas, colombianas y foráneas, que con respecto a la dinámica de violencia en Colombia hablan de “52 años”, como generalizando, como si en efecto ese fuera el período que lleva nuestro país bañado en sangre por los cuatro vientos; y aquella consideración es ostensiblemente imprecisa, de allí la necesidad de hacer claridad sobre el aludido asunto: esos 52 años corresponden al conflicto entre la Fuerza Pública y las Farc, e igual con el Eln.

En cuanto a lo de las Farc, sépase o recuérdese que dicha organización guerrillera prácticamente halla su génesis a partir de 1948, con ocasión del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Claro, para ese momento ellas no se identificaban como Farc, lo cual se produjo en 1964, año en el cual también surgió el Eln; y es por esa razón, entonces, que se suele hacer referencia a 52 años de conflicto con las Farc y el Eln, que a 2017 realmente serían cincuenta y tres, supuestamente.

Colombia ha sido un país que ha permanecido en guerra desde los albores de la república como hoy se la conoce; es decir, desde cuando en nuestra geografía hubo pobladores; empezando por conflictos entre aborígenes o indígenas, suscitados por diferentes motivaciones; siguiendo después con las guerras ocasionadas por los fenómenos de la Conquista y la Colonia, en cabeza de la codiciosa España, en las cuales de manera ineludible hay que registrar los procesos de cimarronismo, desplegados por africanos sometidos a la esclavización.

Posteriormente nos encontramos con una sucesión de conflictos civiles desencadenados especialmente por pugnas por el poder político, etiología él de más sucesos abominables cuando la política deviene en politiquería. No nos resulte complejo, amalaya, mantener patente que Colombia ha sido y pervive como una nación violenta por naturaleza; lo que significa que es mucho el camino que hay que recorrer para alcanzar una paz auténtica, amplia y no efímera. Y esa situación de anhelo marca la importancia y el imperativo categórico de ir avanzando en ponerles punto final a conflictos hoy habidos; o digo mejor, garantizar la desaparición de los protagonistas armados ilegales que provocan la maldita e irracional violencia con sus secuelas siempre negativas, como son: despojo de bienes cardinalmente en los campos, con la tierra que posa como piedra angular de los ojos puestos en lo ajeno; desarraigo a las bravas; depredación, saqueo y expoliación del medio ambiente y sus diversos recursos naturales; paranoia que impele a mirar enemigos por doquier, aculturación, miseria, escabechinas y mucho más nada digno de ser guardado en baúl.

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2017-07-23T21:00:02-05:00

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2017-07-23T21:14:37-05:00

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