Por: Mario Fernando Prado

Colombia sin Angelino

Sí que nos ha hecho falta en estas últimas semanas el vice Angelino.

Gústenos o no, la presencia de Garzón en el panorama político nacional había resultado, más que una piedra en el zapato, una voz controversial desde el seno mismo del más alto gobierno, con posturas y declaraciones que han puesto a pensar al país y han colocado en calzas prietas al presidente y de ahí para abajo.

Y con esto de la reforma a la justicia sí que extrañamos su grito, así fuera único, capaz de decir no y atravesársele a este unanimismo generalizado en que primero todos están de acuerdo con todo y al momentico todos están en desacuerdo con lo mismo en que habían estado de acuerdo horas antes.

Angelino no traga entero y precisamente por ello no se lo tragan quienes están acostumbrados a los yes man y demás borregos ensalzadores de aquellos funcionarios que con sus actitudes serviles obtienen favores y canonjías.

Poseedor de una personalidad poco atractiva para algunos y con un talante que no cuadra con el de los heliotropos capitalinos, habida cuenta su estilo campechano y a ratos pintoresco, de seguro Angelino habría aportado mucho, no sólo antes sino después de la reculada. Faltó —insisto— saber su parecer, que habría desatado una sana controversia desde el mismo Palacio de Nariño.

¿Y qué vendrá ahora para el vice? ¿Podrá seguir ejerciendo sus funciones a cabalidad? Ojalá así sea porque buena falta que le hace a Santos una persona de su perfil . Y de no ser así —Dios no lo quiera—, ¿qué será de la figura del vicepresidente? ¿Quedará acéfalo este cargo, inútil para algunos, pero necesario para otros? ¿Elegirá el Congreso un sucesor previa terna del presidente? ¿Y quién podría ser? ¿O por el contrario, ido Angelino, se meterá al congelador la figura del segundo cargo más importante del país o el presidente pedirá al Congreso que borre esa jerarquía y volvamos a la figura del primer designado?

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Mario Fernando Prado

Una agroindustria en peligro

Popayán se llena de sabor

Cauca y Duque

La invasión venezolana

El arrechón y el tumbacatres