Colombia sucia hasta el 2110

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Esta administración, lejos de apostarle a una Colombia limpia en el 2035, se la va a jugar es por una Colombia sucia hasta el 2110. Dentro de los planes del Gobierno, en dirección contraria de lo que está haciendo el mundo, está autorizar 48 térmicas con que supuestamente se reforzará la matriz de generación eléctrica, la mitad de ellas con carbón. La otra mitad será con plantas a gas, combustible que el país tendrá que importar a partir del 2024. La decisión de permitir 24 térmicas de carbón está basada en una premisa peregrina: “Que se aprovecharían las grandes reservas probadas del mineral que posee el país y que van más allá de 90 años”. Dicho de otra forma, nosotros, por tener amplias reservas de carbón hasta el 2110, haremos caso omiso de no seguir contaminando el planeta; y que sería insensato que teniendo carbón no lo utilicemos. Que el resto del mundo se esté bajando del tren del carbón, primero por sus efectos contaminantes y segundo porque la generación solar y eólica es más competitiva, tiene sin cuidado a nuestras autoridades. Menudo oso el que va a pasar el Gobierno cuando se dé cuenta de que, aun sin el castigo por contaminar —que en Europa es de US$25 por MW/hora—, la energía solar, como está ocurriendo en EE. UU., reemplace al carbón por ser más barata. En Colombia, con un ridículo impuesto de US$4 por tonelada de carbón, envenenar el aire es casi gratuito.

Por más que los grandes intereses del carbón hablen de tecnologías “ultrasupercríticas”, el uso del carbón va en picada. Como impulsor número uno del cambio climático, el carbón estará desterrado en prácticamente todos los países desarrollados (exceptuando a China e India). En el mundo están cerrando las minas de carbón y muchos ya tienen fecha cierta para cerrar las térmicas alimentadas con este combustible. Un reciente artículo de La Vanguardia, de Barcelona (enero 2020), señalaba: “Las centrales térmicas de carbón —denostadas por sus elevados niveles de contaminación y su fuerte contribución al calentamiento de la atmósfera— entonan el adiós en España. Un cúmulo de circunstancias está anticipando el fin de este modo de producción de electricidad. El declive del carbón tiene como primer efecto destacado una drástica reducción de las emisiones de CO2 procedentes del sector eléctrico, lo que ayudará a España a cumplir sus objetivos climáticos… las empresas renuncian a efectuar las inversiones para ajustarse a la normativa europea, dado que no son rentables. En otros casos, la razón es el abaratamiento de las fuentes renovables, cada vez más competitivas”. Según reciente informe, “el rango de la producción de energía con los combustibles fósiles varía entre los US$0,18 y US$0,05 con un valor promedio de US$0,1 por kw/h a escala global. Esto quiere decir que los costes de las energías renovables más utilizadas no solo han alcanzado la media fósil, sino que la han superado en más de sesenta países por ser más baratas”.

El permitir, fomentar e incentivar proyectos nuevos de carbón riñe con una Colombia que tiene todo el potencial para convertirse de aquí al 2035 en una potencia de energía renovable. Los proyectos de carbón, al haber retirado su apoyo la inmensa mayoría de la banca privada y multilateral, no son financiables. El BID, por ejemplo, solo va a financiar proyectos que logren revertir el daño hecho por los combustibles fósiles. Las prebendas en estos proyectos que haga el Gobierno, sea financiamiento o incentivos fiscales, irán a fondo perdido. ¡Nuestros escasos recursos nuevamente malgastados!

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