"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 9 horas
Por: Columnista invitado

Colombia, un equipo de verdad

Hay dos formas de leer la decisión que tomó el técnico José Pékerman de cara al partido contra Japón: la primera, que había que darles tiempo de recuperación a jugadores que habían realizado un esfuerzo muy grande en los primeros dos partidos; la segunda, que había que darles la oportunidad a futbolistas que no habían tenido el chance de sumar minutos.

En cualquier caso, fueron muchos cambios en la nómina titular y cuando se toma una decisión como esa se tiene el temor de que se resienta la estructura del equipo.

Sin embargo, quedó evidenciado que en el caso de la selección de Colombia, el equipo está por encima de los nombres. Bien lo decía Juan Guillermo Cuadrado: “Tenemos diferentes nombres, pero con el mismo apellido”.

Colombia tuvo altibajos en el primer tiempo y le costó controlar la velocidad de Japón. Ya para la segunda parte, y con los movimientos desde el banco, todo fue a otro precio. Fundamental para el partido el ingreso de James Rodríguez, quien le dio otro espíritu al equipo nacional. Él es ese jugador que le da un valor agregado al grupo y que hace crecer el rendimiento de sus compañeros.

También hubo revancha para el delantero Jackson Martínez. Con el primer gol se tomó confianza para después resolver en la jugada más difícil. Colombia recupera un goleador y eso es lo importante, que él aprovechó y no se quedó en la queja de que el entrenador no le daba la oportunidad.

Caso aparte lo del arquero Faryd Mondragón, quien se convirtió en el jugador con más edad en jugar un Mundial, con 43 años. Fue un gesto de grandeza del entrenador Pékerman y sus compañeros. Va a quedar en la historia y el fútbol le dio un espacio a alguien que verdaderamente es grande.

La selección de Colombia cerró de forma perfecta un grupo de pronóstico reservado en el que cualquiera podía llegar a la clasificación. El equipo ganó con autoridad, dejando atrás las sombras de la ausencia de Radamel Falcao García. Ahora tiene en frente a Uruguay, un rival complicado y con historia, pero Colombia ha demostrado que tiene una mística y una identidad de juego. Se ganó el derecho a soñar con la gloria.

 

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