Por: Juan Carlos Botero

Colombia y EE.UU., parecidos en lo malo

POR FIN COLOMBIA SE ESTÁ PAREciendo a los EE.UU. en un indicador económico.

Tratándose de dos países tan distintos, con semejantes diferencias en sus niveles de riqueza, uno pensaría que el sólo hecho de que sus economías se parezcan en algo sería una buena noticia. Sin embargo, el indicador en el que se están acercando es, por desgracia, el peor posible: el de la falta de equidad social.

Colombia, lo sabemos bien, en este sentido sigue siendo uno de los más relegados de Occidente. Según cada organismo que estudia la distribución de bienes en la sociedad, siempre ocupamos los últimos puestos en las escalas de falta de equidad. No se trata sólo de una simple diferencia de salarios entre ricos y pobres. Se trata de una diferencia de mundos, en donde unos pocos tienen mucho y de todo, mientras que muchos otros (la vasta mayoría) tienen poco o casi nada. Es decir, lo grave no es sólo que el dueño de una empresa viva más cómodo que el celador que la cuida de noche. El problema es que estas personas viven en universos opuestos. Y no sólo en Colombia. El mayor problema de la humanidad ha sido siempre la falta de equidad. Cada vez hay más ricos que lo poseen casi todo y más pobres que poseen casi nada. Y hoy, de aproximadamente 7.000 millones de personas en el planeta, sólo 103.000 controlan más de la tercera parte (el 36,1%) de la riqueza mundial.

El caso de Colombia, insisto, es bien conocido. Pero resulta insólito que ahora EE.UU. ingrese a las tristes ligas de los países con mayores desigualdades sociales. Según la firma de datos Equilar, los salarios de los más altos ejecutivos del país crecieron 23% el año pasado, mientras que el desempleo sigue en aumento y los salarios del resto de la sociedad se han mantenido casi estancados durante las últimas décadas.

Las cosas son todavía más graves. Según el premio Nobel de Economía, Joseph E. Stiglitz, apenas el 1% de la población de EE.UU. controla el 40% de la riqueza nacional. Y lo malo es que ésta es una tendencia creciente. Mientras que ese 1% de la gente más privilegiada ha visto sus ingresos aumentar en 18% durante la última década, señala Stiglitz, los ingresos de la clase media se han reducido en ese mismo tiempo. En términos de desigualdad social, añade el economista, EE.UU. está lejos de las potencias europeas.

Lo que resulta más irónico, y por eso mismo más doloroso, es que muchos de estos millonarios son los culpables de la pasada crisis financiera. Pero en vez de ser castigados en donde más les duele, que es el bolsillo, éstos han vistos sus bonos aumentar. Lo cual, para quien ha perdido su casa y sus ahorros en estos años, es motivo de estupor. Y de rabia.

Ante semejante crisis, ¿qué hacer? Los republicanos ofrecen una solución perversa: bajar los impuestos de los ricos, recortar los programas de asistencia a los pobres, y reducir las normas para controlar los abusos de las entidades financieras. ¿Será posible tanto cinismo? Claro que sí, dice Stiglitz. Así lo desea aquel 1% de la población, que controla la mayor parte del gobierno y de la economía. Pero si las cosas siguen así, vaticina el economista, las mismas revueltas árabes llegarán, tarde o temprano, a EE.UU. Con la gente hastiada de tanta desigualdad. Y tanta crueldad.

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