Por: Julián López de Mesa Samudio
Atalaya

Colombia y la Cuarta Revolución Industrial

Hace poco escuché algo muy cierto, esperanzador y a la vez angustiante: por primera vez en la historia, nuestro país puede anticipar y ser parte integral –y no ya recibir los efectos– de una revolución industrial (quizás la última en la que el ser humano tenga alguna injerencia). Sin embargo, más allá de algunos visionarios, en Colombia poco se tiene en cuenta la Cuarta Revolución Industrial y el profundo cambio de paradigma que su rapidísimo desarrollo trae consigo. Tan sólo tímidamente algunas universidades, académicos y, sobre todo, economistas, han venido discutiendo el tema y anticipando un futuro que ya está aquí.

El problema es la falta de dimensionamiento real del fenómeno debido a la percepción errónea del tiempo en que se producirán los cambios estructurales para la sociedad y el alcance de dichas transformaciones. Es en este punto donde los economistas y sus modelos predictivos fallan, pues aún hacen sus predicciones teniendo en cuenta una percepción del tiempo lineal e intuitiva –según la cual el ritmo de cambio de paradigma se producirá lentamente con base en los tiempos biológicos y naturales–. Empero, teniendo en cuenta la Ley de Rendimientos Acelerados basada en la Ley de Moore, el incremento en la tasa de progreso tecnológico a lo largo de la historia produce cambios cada vez más rápidos y profundos, por lo que el tiempo del desarrollo tecnológico no es lineal, sino exponencial. Para explicarlo de otra forma, citando a Ray Kurzweil, ingeniero jefe de Google, en el siglo XXI no experimentaremos 100 años de avances tecnológicos, sino 20.000 (1.000 veces más que lo hecho en el siglo XX).

Por otra parte, el desarrollo acelerado de las tecnologías GNR (genética, nanotecnología y robótica/inteligencia artificial), que son el eje alrededor del cual gira la Cuarta Revolución Industrial, hará que la vida individual y comunal se transforme radicalmente. Un ejemplo tiene que ver con el sistema de seguridad social y la discusión sobre la edad de jubilación, la cual se hace sobre unas proyecciones completamente equivocadas: se anticipa que la esperanza de vida se incrementará linealmente y que más o menos cada diez años se ha de reevaluar en un par de años la edad de jubilación, teniendo en cuenta un cálculo basado más en la intuición que en la realidad. Gracias a los avances en GNR, al día de hoy ya han nacido los niños que podrán vivir 1.000 años y, a mediados del presente siglo, en poco más de dos décadas, Kurzweil y otros anticipan que el ser humano podrá ser virtualmente inmortal cuando pueda fusionar su biología a la inteligencia artificial (¿pensiones?, ¿seguridad social?).

Por lo pronto, la revolución que trae consigo la tecnología blockchain –una de las piedras fundacionales de la Cuarta Revolución Industrial– ya está en Colombia (aunque nuestras instituciones no alcancen a dimensionar la oportunidad que esto representa). Blockchain permite descentralizar procesos económicos, sociales y políticos a través de tecnologías transaccionales seguras que no requieren de un censor o validador externo al sistema; a nivel económico esto potencialmente representa el fin del sistema bancario y a nivel político el fin del Estado tal y como lo conocemos hasta ahora.

A pesar de todo, en nuestro medio la tímida discusión al respecto de la Cuarta Revolución Industrial no pasa de los efectos de la automatización en los procesos productivos y sus consecuencias en el mercado laboral, y tan sólo de cuando en vez se escucha algo sobre la renta básica universal (RBU) como alternativa a la automatización, a pesar de que estos temas tan solo rozan la superficie de lo que vendrá.

@Los_Atalayas, [email protected]

 

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