“Colombian people”: Áxel Germán Navas Navas

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Por: Áxel Germán Navas Navas*

Sería muy chistoso haber podido ver la cara de Donald Trump cualquier 20 de julio de uno de sus cuatro años de mandato, al abrir su correo electrónico y encontrar un texto que decía: “happy house´s florero day”. Ante su desconcierto, seguramente habría ordenado a la CIA, al FBI y a CONTROL (donde trabajaba el Súper Agente 86), que le hicieran al mensaje un seguimiento o trazabilidad, como se dice ahora, con el fin de establecer el origen de tamaña afrenta y para que una vez hubieran identificado a su autor, lo llevaran a Guantánamo en aras de que, a las buenas, confesara porqué lo estaba amenazando mediante esa frase cifrada. Si bien puede que Trump no sea del aprecio de muchos, así como que “el que las hace las imagina”, en honor a la verdad hay que reconocer que ante una expresión de esa envergadura hasta el más matón se atemoriza. No obstante, la sorpresa y mayor decepción, luego de toda esta alharaca, sería descubrir que el autor de tamaño oprobio fue un diplomático lagarto colombiano.

Lo anterior para referirnos a ese ánimo que nos invade, donde para ser más impactantes o para parecer “más de mundo”, solemos llamar las cosas, verbigracia los almacenes o los restaurantes, por su denominación en otros idiomas, ojalá europeos nunca indígenas, o, en el peor de los casos, en castellano pero adornado con coquetones apóstrofos, como ocurre con “Rudesindo’s Fritanga”. Pero más aún, la manía no sólo se refleja en el manejo del idioma sino en todo lo que conlleva el diario vivir, tal como ocurre con la comida, el vestido, los nombres, etcétera. Se trata de un fenómeno, de pronto interesante para estudiarlo por sociólogos o antropólogos, pero triste de aceptarlo, pues lo único que refleja es que adolecemos de falta de identidad, de una subestimación de lo que somos, de lo que tenemos y de un desprecio por lo auténtico en pos de una apariencia que resulta siendo frívola, banal y, lo peor, ridícula. Es por ello que todos anhelamos tener noticias del primer español con nuestro apellido que tocó tierra colombiana, para, como dicen los niños, “dárnosla” jugando golf o tomando té, jamás en la cancha de tejo. Ante una situación como esta, donde no nos reconocemos como pueblo, o en términos más jurídicos como nación, salir del atolladero será muy difícil, pues si no nos aceptamos como iguales, o al menos como semejantes, jamás se podrán dar la solidaridad y la unión que se requieren para afrontar los problemas colectivos.

Por eso, y antes de que a Joe Biden le llegue un correo que diga “happy Boyaca´s bridge day”, con lo que se pondría en vilo la seguridad mundial, apreciados compatriotas dejemos de ser tan cursis y no nos deseemos más el “feliz día de acción de gracias”

*Exmagistrado auxiliar del Consejo Superior de la Judicatura

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