Por: Antonio Casale

Colombianos en invierno

Las llegadas de Yerry Mina al Barcelona y Carlos Sánchez al Espanyol fueron las notas más importantes que produjeron los colombianos en un mercado de invierno europeo en el que se gastó más dinero de lo normal. Solamente en las cinco principales ligas se invirtieron 900 millones de euros en traspasos. Normalmente, los movimientos en esta época del año eran pequeños y nunca incluían nombres como los que esta vez se movieron. Alexis Sánchez al United, Aubameyang al Arsenal y el traspaso de Coutinho del Liverpool al Barcelona son los más sobresalientes.

La llegada de Mina al Barcelona será probablemente la última contratación de un colombiano de parte de un equipo grande en un buen tiempo. Entre otras cosas hay que tener paciencia; el hombre llegó como cuarto central y tardará en ganarse un lugar en el equipo culé. Tiene todo el talento para lograrlo.

Lo de Sánchez, en caso de poder jugar, será un bálsamo para Pékerman, que ve preocupado cómo varios de sus hombres de confianza pasan más tiempo en el banco que en la cancha. Ya lo dijo la Roca en su presentación: “Espero debutar primero que Mina”.

Lo cierto es que la fábrica de jugadores colombianos está exportando a jugadores muy jóvenes que terminan retornando al poco tiempo porque todavía no se han acabado de formar. De un tiempo para acá se ha vuelto raro saber de un joven que triunfe en el exterior.

Lo anterior debe inquietar a quienes viven de exportar futbolistas. Los nuestros están perdiendo valor en el mercado. Hay que hacer algo urgente en su formación y no necesariamente tiene que ver con la pelota. Para triunfar en Europa hoy en día se necesita mucho más que jugar bien. Saber sufrir, manejar el dinero, la fama, la frustración, integrarse a los grupos y tener una buena formación física como consecuencia de un buen plan de nutrición ejecutado desde temprana edad son algunos de los factores que inciden en el éxito de un jugador en la élite.

Poco a poco se termina la fantástica generación de Falcao, Cuadrado, Sánchez, Zapata y compañía. Es cierto que James es joven y alguna que otra excepción ilustre cumple en su equipo, pero cada día se hace más evidente que el recambio generacional va a costarnos mucho.

Es hora de establecer parámetros claros en la industria de exportación de jugadores por el beneficio de sus protagonistas y, sobre todo, de nuestras selecciones. Esto no se trata solamente de patear bien un balón.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Antonio Casale

Jugar los clásicos

La última final

El recreacionista

Dayro y Manga no son los culpables

Los Nicolases, los “e-gamers”