Por: Lorenzo Madrigal

¿Quién tenía que ceder?

Instalada la minga indígena en sitio abierto, a pocos metros del albergue escolar donde se hallaba el presidente de la República, también en sitio capaz de reunir gente, todo se paralizó, se dice, porque ninguna de las partes quiso ceder para el encuentro.

Este columnista piensa que la mayoría de ciudadanos acata la máxima autoridad republicana, representada en quien haya sido elegido legítimamente. El presidente es el presidente en cualquier lugar del territorio y, en este caso, por generoso gesto había viajado a encontrarse con la asonada misma, alzada en palos, pese a los riesgos personales.

En los últimos años pareciera que fueran una misma cosa el gobierno legítimo y la rebelión, de distinta modalidad, la que de una vez entra en estado de beligerancia, según la antigua doctrina, y como si se tratara de otro Estado dentro del Estado.

Estas vías de hecho, que no tolerarían gobiernos de extrema izquierda, son tomadas con relativa calma en los Estados democráticos o, como si se dijera, civilizadamente, para evitar a toda costa hechos de barbarie o prisiones políticas.

Pero lo que no se puede aceptar es que las posiciones se equiparen, que se las considere mérito pares, y que los jefes de Estado y los jefes de comandos rebeldes, todo lo representativos que sean, alcancen un tratamiento de igual a igual y se llegue, por lo tanto, a llamar terquedad o intolerancia al hecho de que un mandatario legítimo y reconocido no ceda a exigencias del tipo asonada.

Es bien curioso que el principio de autoridad sea considerado un lema de la derecha y lo practique tan desbordadamente la izquierda. No ha habido en la historia (hagamos memoria histórica) un solo país de este tinte político que tolere manifestaciones con su respectiva infiltración violenta, sin caer en la más cruel represión, como se ha visto en la Venezuela de hoy, en Nicaragua, Rusia, China continental (Tiananmen), Corea del Norte, el Irán de los ayatolas y en un sinnúmero de naciones sojuzgadas.

Colombia ha tenido un lema equilibrado y sabio, de “Libertad y Orden”, en su heráldica. Es verdad que quienes representan la autoridad varían en personalidad y carácter e infunden mayor o menor respeto. El actual mandatario colombiano es nuevo, homo novus, y su misma juventud pareciera no merecer acatamiento, pero acaso nos hace falta la cultura del respeto a las investiduras per se, vital en el sistema democrático, donde nace de una ficción y se convierte en elemento esencial para la vida republicana.

***

Fue duro ver al papa en actitud de besar el pie a otro jefe religioso. Abolido quedó hace tiempo en Roma el beso de la sandalia del Pescador, en la estatua de bronce de San Pedro, cuyo dedo gordo quedó físicamente borrado por los gérmenes y la salibación piadosa.

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