Por: Pedro Viveros

La globalización de gobernar en 280 caracteres

Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, bota funcionarios y critica opositores con frases duras, todo vía Twitter. Andrés Manuel López Obrador (AMLO), presidente de México, gobierna con elementales ideas tales como viajar en líneas comerciales (puso en venta el avión presidencial) o cerrar la histórica Casa de Los Pinos, sede de los anteriores mandatarios de ese país, conviertiéndola en un complejo cultural ideado para suprimir los fantasmas del pasado. Vladimir Putin amedrenta al mundo con millones de hackers, quienes con su neopoder quitan y ponen líderes con una estrategia focalizada en “bombardear con falsas noticias” a unos ciberciudadanos dormidos en su propia realidad virtual; ¡como si hubiera una realidad!

A veces pareciera que la lucha de la humanidad por las grandes ideas fuera cosa del pasado. Solo imaginar los esfuerzos de los pensadores quienes volvieron palpable una ciencia tan abstracta como las matématicas. O la genialidad de los primeros humanos que pudieron comunicarse en un lenguaje común. Sin olvidar la capacidad mental de los inventores de la rueda, un medio de verdad, verdad. Grandes ideas unieron a los pueblos y se propagaron en el tiempo hasta nuestros días.

Los  idealistas de lo que hoy conocemos como democracia se devanaron sus sesos en extensos debates y estudios para consolidar una idea filosófica y convertirla en la mejor de todas las formas de gobierno. Todo para que hoy en día esos esfuerzos se traduzcan en pequeñas causas que van desde evitar a toda costa caer en las encuestas de opinión (ojo ya no se trata de subir en estos estudios), para que esos menguados resultados les permitan mantener electrizados a sus definidos electores, quienes con sus votos los mantienen en el poder para repetir el ciclo de las ideas enanas. Pasando por el acto  egocéntrico  de evitar reconocer con valentía las virtudes o grandes ideas de los rivales de turno y  lo peor, la influencia de  algunos poderosos de las pequeñas cosas que, basados en supuestos, recrean escenarios de rechazo imaginario: el señor Steve Bannon, director de estrategia de Trump, fundó una oficina en Bruselas para desde allí liderar una campaña global del populismo de las pigmeas ideas de ese derechismo.

Pero el fenómeno de la globalización de las pequeñas cosas para gobernar se circunscribe también a nuestra Colombia. En 2019, cuando se cumplen 200 años de nuestra independencia, ¿por qué no son relevantes los Mutis o Caldas de esta generación y permitirles enseñarnos a ciencia cierta cuales son los verdaderos retos de nuestra vida científica? ¿Por cuál recóndito paraje están los López Pumarejo, Gaitanes o Lleras (ambos), que nos digan cuáles son los temas de alta política merecedores de un debate para conocer  un norte posible donde los millones de colombianos alberguemos soluciones a nuestras angustias modernas?   

A cambio de estos verdaderos democrátas, tenemos que soportar las tergiversadas frases diarias en 280 caracteres que  los nuevos profetas de la política colombiana emiten cada mañana en la tierra del realismo mágico (o del ¿infierno?) ¿Será que los vocablos menores  “espejo retrovisor” le van a ganar la batalla a las poderosas palabras “aprender a vivir tranquilos”? El reto de  la Colombia que nos tocó vivir, radica en  dejar atrás  el kinder de nuestra democracia y dar un salto, por lo menos, a la adolescencia.  De lo contrario estaremos condenados a seguir gobernados por las pequeñas cosas.  

@pedroviverost

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