Por: Cartas de los lectores

Sobre Julian Assange

En el caso de silenciar a Julian Assange, es pertinente hacer frente a las acusaciones que tiene por casos que lo vinculan con acosos sexuales, así como conspiración en diferentes países, pero independientemente de todas las acusaciones que hagan, es una persona que posee demasiada información que puede desenmascarar a muchas personas y hasta países que poseen información que no desean que sea publicada. Uno de estos es Estados Unidos, que es uno de los países que está solicitando su extradición para judicializarlo por conspiración. Entonces el tema es que quieren silenciarlo bajo la excusa de una conspiración que probablemente sea solo un plan para que esta persona no llegue a publicar alguno de los secretos de Estado.

Ahora bien, el debate de silenciar a Assange no solo es por tratarse de él, también debemos debatir si nosotros como periodistas corremos el riesgo de ser en algún momento silenciados por nuestras investigaciones y demás trabajos que demanda esta profesión. Por ello me parece interesante aquel interrogante final: “¿De verdad queremos ese precedente en nuestras democracias?”. De aquí partiría la hipótesis no solo de los comunicadores, sino de todo aquel que pretende ir mas allá de la realidad que muestran: qué se puede esperar si la ley está buscando silenciar a una persona cuyos crímenes —si en realidad los ha cometido, ya que no se ha demostrado lo contrario— no tienen nada que ver con la verdadera razón por la que están queriendo silenciarlo.

De allí, pues, parte una de las preguntas que he formulado como futura comunicadora: ¿está en riesgo la libertad de expresión? Para este interrogante pueden existir muchas posibles respuestas, pero en realidad solo hay una para mí, con este y muchos casos más de persecución a periodistas, y es que si está en riesgo, lo está en todo el contexto. La libertad de expresión ya no existe, las voces están siendo silenciadas. Lo vemos a diario con las amenazas a líderes sociales que intentan cambiar la historia de este país con política correcta, lo vemos con sus muertes, lo vemos en redes sociales cuando alguien tiene una posición diferente y hasta amenazas de muerte recibe, lo vemos con aquellos que deciden contar la verdad y son envenenados, pero esto no es algo del hoy, esto es algo ya del pasado. Recordemos el Bogotazo, cuando la única esperanza que tenía el país de lograr ser diferente se apagó aquel 9 de abril de 1948 con la muerte de Gaitán. Es por ello que no es nada nuevo que el poder quiera callar a las personas que quieren hacer la diferencia, que poseen herramientas que no todos tienen. No es nuevo que pretendan culpar a una persona por mil delitos diferentes, cuando su único delito ha sido desenmascarar a los que solo quieren proteger sus intereses económicos. El caso de Assange es solo una pequeña muestra de cómo los esfuerzos de algunos son castigados. Pero aún viendo estas injusticias debemos ser la diferencia, luchar para que estas voces sean escuchadas; pero, lo más importante, para que la libertad de expresión deje de ser un riesgo.

Astrid Carolina Gómez Sánchez.

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