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hace 7 horas
Por: Felipe Jánica

A combatir la superficialidad

Por esta época en donde el país parece polarizarse más y además sin control, lo que abunda es la superficialidad. Ambos bandos, extremistas por demás, toman posiciones zafias que en lugar de ayudar a cerrar las brechas sociales, son propulsores de polarización. Lo curioso del caso es que resulta muy complicado seguir las posiciones extremas porque ambas se argumentan con mucho con mucho sesgo. Lo que es más desesperante no son las posiciones polarizadoras, sino la superficialidad de la mayoría de la ciudadanía que adopta esas posiciones como propias. Sé que somos muchos los que no estamos en esa mayoría y por eso estamos llamados a combatir tal superficialidad.

El asunto realmente importante y en lo que nos deberíamos enfocar es en la construcción de reformas estructurales. Mucho se ha discutido acerca de la necesidad de afrontar cambios estructurales y que ellos se fundamenten en pilares esenciales como por ejemplo la educación. Es allí donde estaría el caballo de batalla para combatir la superficialidad de los ciudadanos. Lo que pasa es que no creo que existan líderes de elección popular que quieran asumir una responsabilidad que les supere sus ambiciones personales. No creo que existan candidatos que tengan planes de gobierno de largo plazo. Todo lo que querrán hacer será sacar adelante los proyectos que beneficien su interés político, es decir que los catapulten a otras ambiciones superiores en el plano político.

En el País del Sagrado Corazón, existen muchos asuntos problemáticos que afectan por ejemplo la competitividad. El índice global de competitividad provisto por el Foro Económico Mundial, por ejemplo, nos deja saber que los asuntos que el Estado debe atacar son: Infraestructura, burocracia ineficiente, reglas y leyes poco amigables para los inversionistas y una tasa impositiva poco atractiva. Si el Estado ataca de manera frontal estos asuntos quizá pudiera empezar a ver resultados en un par de décadas. El asunto de sentido común es que no creo que existan líderes políticos que quieran asumir tal responsabilidad. Quizá es por la ausencia de astucia al no darse cuenta de lo bien que le pueden hacer al país o quizá por que no les interesa realmente el desarrollo sostenible de un Estado.

Debo admitir que las discusiones superficiales no solo están en la arena política. En lo privado y en el mundo de los negocios también existe mucha superficialidad. Algunos lo llaman intuición y debo confesar que muchos de los grandes emprendedores toman decisiones más por su intuición que por la formación de una idea realmente documentada y fundamentada en teorías científicas. Esa es la gran diferencia entre los empresarios y los académicos, por ejemplo. Mientras los primeros poco tiempo usan para soportar sus decisiones, los segundos se toman todo el tiempo necesario para formarse una idea de alto impacto. Cerrar la brecha debería ser la tarea de los líderes empresariales, por ejemplo. Esto solo podrá darse si los líderes empresariales dejan de lado sus egos y aceptan que siempre habrá alguien en su equipo con la experiencia académica que podrá coadyuvar en su decisión.

En el camino quedan las discusiones del día a día que en lugar de aportar ideas de alto impacto más bien lograr seguir polarizando a un país que claramente necesita objetivos comunes. Lo que sí está en nuestras manos es controlar qué queremos escuchar y qué partido o posición tomar. Para ello será necesario no tragar entero. Combatir la superficialidad de los mensajes, muchos de ellos alimentados y divulgados en fuentes poco creíbles, deberá ser la tarea de los ciudadanos. No dejarse engañar y no ser parte del juego al que nos quieren llevar deberá ser una de las máximas de los ciudadanos.

 

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