Ángela María Robledo: ¿por qué el Consejo de Estado le quitó la curul en la Cámara?

hace 7 horas
Por: Antonio Casale

¿Me pongo la faldita?

“¿Para qué quieres la raqueta? Te he dicho lo que tenías que hacer, entras al segundo set y no lo haces, ¿para qué me quieres aquí? ¿Quieres que juegue yo? ¿Me pongo la faldita y juego yo? Llamamos a tu papá que venga a jugar también. Aquí la que tienes que jugar eres tú, la que tiene que trabajar eres tú. Basta de lloriqueos, de mirar para afuera y ponte a trabajar”.

La tenista española Sara Sorribes recibió ese regaño por parte de su entrenador Germán Puentes en medio de un partido que tenía complicado en el WTA de Bogotá. Terminó ganándolo y tras la polémica que se armó en su país cuando se hizo viral este momento tenso salió a defender a su entrenador. “Para mí ese mensaje es positivo, porque después me pongo 4-0”, aunque reconoció que “nunca habíamos tenido una situación igual de tensa, es como una bronca de mi padre que me dice: Sarita, cariño, espabila ya”. Lo cierto es que en España la opinión está dividida entre quienes consideraron el regaño sexista, agresivo y humillante, y quienes creen que estas cosas son necesarias en el deporte y los oficios competitivos para lograr los objetivos.

Al otro día, en otro duelo complicado ante la brasileña Beatriz Hadad Maia, la promesa española perdió en tres apretados sets. Puentes le decía visiblemente afectado “Sé lo que tengo que hacer para que reacciones, pero no lo puedo hacer porque me expongo”. Sorribes perdió el partido y se marchó para el aeropuerto donde le esperaba una larga y tensa jornada junto a su polémico entrenador de regreso a casa.

Cuenta la extenista colombiana Mariana Mesa, quien se retiró prematuramente, que en su momento le pusieron una entrenadora alemana, Claudia van der Weck, que la hizo progresar en su tenis, pero la maltrató de tal manera como persona que aun hoy sufre las secuelas. Solamente cuando se retiró y pasaron los años cayó en la cuenta del daño que esto le había hecho.

El sufrimiento no es necesario para ganar, hay otras mil maneras de lograrlo sin necesidad de insultos, ofensas y maltratos.

Ciertamente la exigencia y el trabajar al máximo son requisitos inquebrantables a la hora de prepararse para ganar. Pero en la parte mental y de motivación hay una delgada línea que divide dicha exigencia con una violencia reiterativa que, como una droga, comienza a necesitar el deportista inconscientemente para rendir.

Existen muchos caminos para motivar a los hijos, a los empleados o a los deportistas y lograr buenos resultados. El del coach de Sorribes es uno de ellos y probablemente sirva para construir campeones. El problema es que corre el riesgo de acabar con las personas.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Antonio Casale

Perder tiempo

Algo pasa

Lo que Ginóbili no eligió

Aprender a convivir

Comienza Queiroz