Por: Eduardo Sarmiento

Decae el crecimiento

El crecimiento del segundo trimestre resultó muy inferior a las predicciones oficiales y al desempeño de la región. El producto nacional avanzó 4,3% en el primer semestre, un pobre rebote para una economía que creció cerca de cero en 2009. La única fuente de dinamismo es el petróleo, que avanzó 15%. La industria, aunque muestra altas tasas, no revela un comportamiento regular; la agricultura crecerá por debajo de la población y la construcción privada desciende.

Las autoridades económicas operaron con una visión macroeconómica que no corresponde a la realidad. Dieron por hecho que la economía se reactivaría con un modesto déficit fiscal, la revaluación del tipo de cambio y la ampliación del crédito. No advirtieron que los estímulos fiscales y monetarios, por el estado de la economía nacional y mundial, operan por una sola vez; y el cambiario se reinvierte en la medida en que la revaluación debilita la actividad de bienes transables y desplaza la mano de obra formal. Tal como lo había anticipado, la reactivación del ultimo trimestre de 2009 y el primero de 2010 apenas se mantuvo, y seguro decaerá en el segundo semestre.

Círculos influyentes siguen considerando que el desempeño colombiano es independiente del mundo. Basta mirar dos años atrás para advertir que la economía colombiana es una de las más dependientes de la estadounidense, por las cotizaciones bursátiles, la exportación, la producción industrial y las operaciones bancarias.

Las condiciones externas son peores que las interpretadas por los medios internacionales, que niegan el deterioro de las economías de EE.UU. y Europa. Ambas presentan bajas de las cotizaciones de la bolsa, caídas de la industria y el consumo, y debilitamiento del empleo, que se extienden creando gran incertidumbre y, lo más grave, no se ha avanzado en un diagnóstico creíble para enfrentarlas.

Sus efectos no han demorado en sentirse en Colombia. En junio la industria decayó y en julio tuvo índices negativos. No es difícil anticipar que el PIB crecerá cerca de 3% en el segundo semestre.

No menos preocupantes son las implicaciones de largo plazo. La profunda revaluación de nuestra economía está conduciendo a un estado de enfermedad holandesa. A tiempo que la industria, la agricultura y el empleo formal se extinguen, la producción petrolera crece a tasas espectaculares. La entrada de inversión extranjera para la minería comprime la financiación del resto de la economía, debilita la generación propia de divisas y desplaza las oportunidades de empleo. Lo que se gana con la producción petrolera se pierde con creces en la creación de riqueza nacional.

El bajo crecimiento  no hay que buscarlo aguas arriba. Se encuentra en una visión macroeconómica que ha fracasado y en una estructura productiva que no genera empleo ni es sostenible.

 

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