Por: Reinaldo Spitaletta

¿Periodismo sin ideas?

Si no existiera el periodismo (que para Albert Camus era el oficio más hermoso del mundo), no habría necesidad de inventarlo.

El garrotazo fue propinado por Balzac, que, además de gran escritor y tomador de café negro, también era periodista. Cuando en Colombia estamos ad portas de conmemorar el día del periodista, vale la pena acercarnos a aspectos de este ejercicio, tan mancillado por algunos medios al servicio de los poderes de turno, y enaltecido por algunos investigadores y cronistas, que no han olvidado que el periodista debe de ser el vocero de los sencillos y de los marginados de la historia.

Tal vez el periodista que más críticas le ha hecho al oficio haya sido el austríaco Karl Kraus (1874-1936), el mismo de la irrepresentable obra Los últimos días de la humanidad. Para él el periodismo era el cómplice y responsable de los peores males de su tiempo. Lo acusaba, por ejemplo, de corrupción del lenguaje (manifestada en estereotipos, en la frases tópicas, en la desaparición de la imaginación) y de exaltación de la guerra. “Periodista es aquel que no tiene una idea pero puede expresarla”, decía.

El negocio de fabricar noticias, según Kraus, era nefasto e iba contra la dignidad humana. ¿Qué mundo cabe en las páginas de un diario? ¿Solo existe lo que alcanza a publicarse en un periódico? El ámbito de la información está lleno de intereses creados, de manipulaciones y enfoques caprichosos. Se publica, en miles de ocasiones, lo que interesa a sus dueños. O a los políticos y poderosos a quienes estos sirven.

¿Qué cabe en las agendas informativas de los medios? Casi nunca la vida de la víctima, el quehacer amargo del desplazado, ni la expulsión de obreros de las factorías. Tal vez  los marginados sirvan, cuando son o ladrones, o expendedores de droga, o violadores, para la crónica judicial, para llenar páginas que destilan sangre pero que no producen opinión pública. Pero eso sí, arrojan ganancias en el mercado de la información sensacionalista.

Poco o nada nos enteramos en los medios colombianos de la tragedia del desempleado (que son legión), de la cultura popular, de aquella que no ha sido degradada por los mismo medios y obedece, por ejemplo, a mecanismos relacionados con el mito, las maneras de interpretar el mundo, los cantos, el café, el vestuario, los modos de habitar la ciudad… Los medios de acá están más dedicados a banalizar la información, a farandulizarlo todo de un modo grotesco.

Fuera de empobrecer la lengua, enflaquecen el pensamiento. En sus páginas y espacios no caben el ensayo, la reflexión, el debate. Parece que algunos medios, cooptados por el poder, son monaguillos e incensarios. Se han prosternado a los más bajos intereses (o tal vez altos, por las ganancias, por vender el alma al diablo) de los magnates y mandatarios. Y algunos periodistas engrosan las lamentables cortes de los “lambones”. ¿Dónde quedó la capacidad crítica del periodismo?

El periodismo, que en la modernidad nació representando el pensamiento más avanzado, siendo la voz de los oprimidos y desdeñados por el poder, se ha vuelto en el país más un desfile de vanidades que un encuentro con el otro, con su cultura y entorno. Poco se entera uno de la ciudad en un periódico masivo (hay algunos alternativos muy interesantes), o de la situación de la mayoría de gente, que sufre, que está hecha trizas por las injusticias sociales.

En Colombia, la mayoría de medios practican un periodismo epidérmico. ¿Qué muestran por ejemplo sobre una plutocracia derrochadora y abusiva, sobre la demagogia, acerca de los explotadores, de las viudas de la guerra, de los destechados, sobre los desterrados…?  Aquí habría que recordar las palabras de Oriana Fallaci, hablando de la Noche de Tlatelolco, en México, después de la masacre de estudiantes: “¡Qué malos son sus  periódicos, qué timoratos, qué poca capacidad de indignación!”.

Habría que reivindicar de nuevo el humanismo, lo ilustrado, el recuperar para el periodismo la voz de los olvidados, para de ese modo acercarnos otra vez a un ejercicio que, bien hecho, sí es el más hermoso del mundo, con perdón de los zapateros y ebanistas.

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2012-02-06T23:00:00-05:00

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