Por: Eduardo Sarmiento

La crisis del euro

El euro pretendía ser la pieza perfecta para consolidar la integración europea. El sistema opera con una moneda única, un banco central conjunto y reglas económicas.

Lamentablemente, la organización se inspiró en el fundamentalismo de mercado. Basados en las teorías de ventaja comparativa de Ricardo de principios del siglo XIX, dieron por hecho que el comercio y las exportaciones son determinadas por las condiciones relativas independientemente del nivel de desarrollo y la competitividad de los países. Así, las economías con menores productividades absolutas, como Grecia, España, Portugal e Italia, están en las mismas condiciones de Alemania para equilibrar la balanza de pagos y el pleno empleo.

En este contexto, la recuperación de Europa ha girado totalmente alrededor de la austeridad en la forma de represión salarial y recorte de política fiscal. Luego de cuatro años el resultado es un completo fracaso. En la actualidad más de la mitad del continente se encuentra en recesión.

Este resultado contradice la idea fuerza del euro. La verdad es que las enormes diferencias de competitividad acumuladas entre Alemania y las economías periféricas sólo se pueden superar mediante devaluaciones drásticas, que quiebran la moneda única. En la práctica, significa el retiro de Grecia del euro y, posteriormente, de España y otros.

Curiosamente, muchas de las teorías que fracasaron con el euro son las mismas que sirvieron de referencia para el TLC. En particular, se dio por hecho que lo importante en las relaciones internacionales son las ventajas comparativas y no la competitividad y el desarrollo de los países. Pues bien, no obstante que Colombia opera con productividades inferiores a las de Estados Unidos, le concedió toda clase de ventajas. Estados Unidos reduce los aranceles tres puntos, lo que ya había hecho con el Aptdea y Colombia los baja en 13 puntos. Estados Unidos conserva los subsidios a la agricultura y Colombia renuncia a los aranceles. El régimen de patentes es más restringido que el existente en el mundo.

Las asimetrías de la negociación aparecen en todos los estudios que predicen que el expediente aumentará las importaciones colombianas tres veces más que las exportaciones. El país tendrá que pagar las gabelas con desequilibrios cambiarios y reducciones de los ingresos laborales.

Ojalá que las experiencias del euro y del TLC sirvan para que se entienda que la inserción internacional no es un problema de ventajas comparativas sectoriales, sino de confrontación en que los que van adelante obtienen las mayores ventajas.

 

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