Por: Cartas de los lectores

Soy Iglesia

Llama la atención el espíritu y la mentalidad antieclesial que ronda el discurso de tantos intelectuales en Colombia.

El Espectador se llenó de intelectuales “librepensadores” que no desaprovechan oportunidad para irse con toda su artillería en contra de lo que para ellos constituye la Iglesia. Véase lo que dice Juan Gabriel Vásquez en su columna del 25 de mayo, donde hace una cuasi tipología de los sacerdotes, y los condena al silencio en materia de opinión sobre la familia pues, según su argumento reduccionista, ellos no pueden opinar pues no tienen familia ni son padres biológicos. De aceptarse esa lógica discursiva, no se podría hablar de pobreza sin ser pobre, de guerrilla sin ser guerrillero, de criminales sin ser criminal, y así se terminaría censurando la voz de todos. Pero más allá de la crítica banal que hace, lo que refleja la opinión de Vásquez es un discurso dominante, poscristiano, anticristiano, pagano o como quieran llamarlo, que se ha tomado a El Espectador. Les sugiero, desde un criterio liberal, que se les permita a otras personas versadas, con opiniones diferentes en materia de moral, expresarse, y que de esa forma los lectores logren tener versiones más diversas y equilibradas a la ya trajinada opinión que reduce la noción de Iglesia, exclusivamente a la centrada y distorsionada idea que piensa que ella está definida exclusivamente por la vida de los sacerdotes, religiosas u obispos.

Yo soy Iglesia, hombre casado, con una hermosa mujer y padre de dos hijas. Somos una familia que lucha en la cotidianidad de un país tan hermoso y áspero como Colombia por ser coherente con nuestros valores y principios cristianos; estos principios, los de mi comunidad católica, estoy convencido, pueden iluminar el rumbo político y cultural de una nación que vive en las tinieblas. Como Iglesia que soy, sacerdote común, bautizado, le pido a tan poderoso diario que sea un poco más respetuoso con los valores cristianos y católicos. Estos valores no me han impedido en lo personal, en medio de muchas limitaciones, luchar por Colombia y su destino desde visiones progresivas y progresistas.

Opiniones de columnistas de El Espectador, que califican de “peligrosísimo” lo que puedan decir o hacer ciertos intelectuales católicos que se encuentran ejerciendo cargos públicos (a propósito de lo afirmado por Catalina Ruiz Navarro, “La vacante”, El Espectador, 24 de mayo, sobre la postulación de Ilva Myriam Hoyos, donde la califica de peligrosísima). ¡Qué confusión moral tan grande: Ilva Myriam Hoyos “peligrosísima” y Mónica Roa un ángel! ¿Qué país en lo ético y moral es el que venimos construyendo? ¡Qué oscuro se nos tornó el pensamiento! Si lo que busca El Espectador es polarizar al país, pues lo está logrando.

Felipe Cárdenas Támara. Profesor universitario.

 

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