Por: Víctor M. Tafur

Río+20: ¿a quién le importa?

En un año de calendario electoral en muchas regiones del planeta y de graves crisis económicas, ¿a quién le importa Río+20?

Faltan pocos días para la Conferencia de Río sobre Desarrollo Sostenible y las negociaciones que se adelantan en Nueva York sobre “El futuro que queremos”, el documento para finalizar en Río+20, reflejan la marcada polarización existente entre los grupos de países negociadores por su nivel de desarrollo económico. También es claro que tanto el documento final como la conferencia misma no lograrán la trascendencia de pasadas ediciones.

La negociación de abril 23 a mayo 4 debía ser la ronda final. Ante la falta de consenso sobre el 95% del documento, se convocó para otra ronda de mayo 29 a junio 2 en Nueva York. El documento original (versión cero) de 19 páginas —comentado en esta columna el pasado 13 de enero y que trata dos temas fundamentales: la “economía verde” y el marco institucional para el desarrollo sostenible— se convirtió en un ladrillo de más de 200 páginas, con las múltiples adiciones propuestas por los negociadores.

Como van las cosas, va a suceder algo similar a lo acontecido hace 20 años en el mismo Río de Janeiro, donde se adoptó el objetivo de “desarrollo sostenible”, sin definirlo. Lo mismo puede sucederle a la “economía verde”, pues los delegados están temerosos de acuñar una definición. Este concepto en realidad no es complicado, no es nada nuevo y tampoco es utopía: consiste en lograr desarrollo económico con más equidad y menos contaminación. ¿Por qué entonces no puede sintetizarse en unas pocas frases? Por lo pronto, el documento incorpora múltiples párrafos diciendo, palabras más, palabras menos, que la economía verde es lo que cada país quiera hacer “en el contexto del desarrollo sostenible”.

No todos los temas están tan enredados en la negociación para Río+20. Parece haber consenso para establecer los denominados “Objetivos de desarrollo sostenible”, que serían indicadores para medir los avances en este tema. La idea es llegar a un acuerdo en principio en Río+20 y después llevar el tema a la Asamblea General de la ONU para que establezca un proceso para su definición e implementación. También parece que se va a hacer un llamado a fortalecer la protección de los mares, la ahora llamada “economía azul”, y otros temas prioritarios, que inicialmente eran 15 y ahora más de 30. Pero entre tanto colorido y prioridades se pierde la sustancia.

En fin, ¿a quién le importa Río+20? Al anfitrión, Brasil, le interesa sacar adelante el documento para que la conferencia sea exitosa, pero hasta ahora no ha mostrado liderazgo efectivo y tal vez está esperando meter goles de último minuto. Las empresas, gremios, la sociedad civil, la academia, e incluso jueces, también han mostrado interés por avanzar en los temas a tratar. Habrá lleno a reventar, pero continúa la incertidumbre sobre la posibilidad de lograr un acuerdo fundamental sobre “El futuro que queremos”. Seguimos pendientes.

* Profesor de derecho ambiental y del cambio climático en Bard College, Nueva York.

 

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