Por: Hugo Sabogal

Los encantadores vinos costeros

En la larga historia del vino, la plantación de viñedos cerca del mar no es una novedad. Por el contrario, ha sido una costumbre milenaria.

Desde la antigüedad, países como Siria, Líbano, Egipto, Creta, Grecia, Turquía y Chipre, o regiones como Sicilia, Cataluña, Cádiz, Jerez (junto con el Puerto de Santa María y Sanlúcar de Barrameda), al igual que el norte de África, han practicado la vitivinicultura de influencia marítima durante siglos.

Es más, las grandes civilizaciones del mundo asociadas con la cultura del vino, como la fenicia, la griega o la romana, tuvieron en la cercanía al mar un gran aliado: no sólo por el tipo de bebida refrescante que obtenían, sino por la facilidad que implicaba el transporte del producto a otros mercados.

Para todos estos pueblos el vino era un medio de trueque con el que obtenían otros productos y mercancías para el diario existir. Fue mucho tiempo después cuando los viñedos se extendieron a franjas continentales.

En épocas remotas, los agricultores convivían con las enfermedades propias de las zonas costeras, como el mildiu y el moho. Estos hongos provienen de la humedad derivada de los inmensos cuerpos de agua dulce o salada que circundan los viñedos. Muchas de estas enfermedades se han controlado con insumos industriales. Sin embargo, dado el auge alcanzado en los últimos años por los vinos costeros, el procedimiento de cura se está haciendo ahora con agentes biológicos o naturales, en aras de proteger la salud de los consumidores.

En términos muy generales, y dependiendo del cuidado del viñedo, los llamados vinos marítimos son más frescos e intensos que los elaborados tierra adentro. Esto se debe a que los climas marítimos o costeros permiten alargar los períodos de maduración de los racimos, debido a la ocurrencia de veranos cálidos en vez de calientes y de inviernos frescos en vez de fríos.

Para hacer un mapa contemporáneo de la producción vitivinícola costera tenemos que enumerar varios países y regiones. Obligatoriamente hay que incluir las míticas regiones de Burdeos y Loira, en Francia, donde se producen algunos de los grandes vinos del mundo. Variedades de uva, como Moscatel, Semillón, Colombar, Ugni Blanc y Sauvignon Blanc se adaptan muy bien a las condiciones climatológicas de influencia marítima. Sus principales características son laelegancia, la suavidad, la vivacidad y la acidez natural.

Lo mismo ocurre con otros grandes vinos costeros como los producidos en Galicia (España), en las llamadas Rias Baixas. No hay nada comparable a un plato de cigalas acompañado de una buena copa de Alvariño gallego.

En el caso de Estados Unidos, los vinos hechos en Long Island y Nueva Inglaterra —en la costa este— han alcanzado notoriedad por sus sabores cítricos y herbáceos.

En California, la zona vitivinícola de Carneros ofrece climas moderados donde se elaboran vinos blancos de gran expresión, lo mismo que tintos vibrantes como el Pinot Noir.

Más al norte, por la costa oeste norteamericana, se encuentran regiones como el Valle de Willamette, en Oregon, célebre por sus deliciosos Sauvignon Blanc, lo mismo que por sus chispeantes y frescos Pinot Noir.

Y si vamos a países como Nueva Zelanda nos encontraremos con que la mayor parte de la vitivinicultura practicada en este país isleño está sometida a una marcada influencia marítima.

En Suramérica, y por cuenta del enólogo chileno Pablo Morandé, el mundo descubrió a finales de los años ochenta las virtudes de los vinos elaborados al otro lado en la región costera chilena. Así nacieron Casablanca, San Antonio y Leyda, distritos vitivinícolas que han logrado insertarse entre los más admirados del mundo.

Más al norte, en inmediaciones de la Serena (400 kilómetros al norte de Santiago), se producen vinos marítimos bajo la apelación del valle costero de Limarí. Y en el extremo sur están haciendo ruido los vinos de nuevas regiones como Itata, Bio Bio y Malleco. Sus blancos, en especial, son de gran calado.

Más sobre vinos en www.elsibaritaurbano.com

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