Por: Ramiro Bejarano Guzmán

La jugada perversa

NOtas de buhardilla.

AUNQUE NO ES EXTRAÑO QUE LA Corte Suprema haya postulado a Alejandro Ordóñez a la Procuraduría que ejerce a sangre y fuego contra quienes no comparten su corrupta administración, francamente sorprendió la forma sumisa e imprudente en la que tomó tan trascendental decisión.

Imprudente, porque de la manera como se procedió, dejó la sensación de que se confirmó la certera apreciación de Cecilia Orozco, según la cual los magistrados están “clientelizados, burocratizados, lagartizados y subordinados al poder del procurador, al que le deben fidelidad y puestos”.

En efecto, no se tomó la Suprema Corte de la justicia ordinaria el trabajo de convocar a un proceso de selección ni hizo el menor esfuerzo por considerar otras hojas de vida, menos se preocupó por despejar las inquietudes planteadas en los últimos días sobre la remoción de Iván Velásquez como coordinador de los investigadores de la parapolítica, ni justificó el cambio de jurisprudencia en materia de extradición, ni desmintió las alianzas burocráticas con el procurador. Ternó a Ordóñez conculcando el libre acceso a la función pública, violación que expone su probable nombramiento a una segura demanda.

A tales extremos ha llegado la descomposición que a esos magistrados les parece que el único abogado que en Colombia merece ser procurador es Ordóñez, el dispensador de favores burocráticos y el mismo al que disciplinariamente nada le ha pasado en esa Corte a pesar de sus imborrables desaciertos. Y, como van las cosas, tampoco le pasará nada, porque como muy bien lo dijo el provocador de Ordóñez en cuanto conoció la noticia de su postulación que viene trabajando desde hace meses “la decisión de la Corte es un reconocimiento a mi gestión”. El juez del procurador aplaudiéndolo, mientras crece la impunidad por sus faltas.

Que de los 17 togados que asistieron a la reunión en la que ternaron a Ordóñez ni uno solo hubiese estado en desacuerdo, y que entre ellos algunos hubiesen votado no obstante estar legalmente impedidos para hacerlo, es un desafío a la decencia y al pudor públicos. Difícil comprender a la Corte que condenó a Yidis y a Teodolindo por votar a cambio de canonjías, porque en plata blanca es lo más parecido a canjear postulaciones por puestos. Eso para no mencionar a algunos magistrados que en privado se daban golpes de pecho prometiendo que jamás votarían por Ordóñez y, sin embargo, no soportaron la encerrona, vaya uno a saber si por las mismas poderosas razones de siempre.

Es seguro que los senadores en un minuto reelegirán a Ordóñez, a cuyos pies están rendidos, unos por cuotas burocráticas y otros por culillo. Ya lo demostraron, con la aprobación del artículo 35 de la Ley 1551 de 2012, por medio de la cual le entregaron a la Procuraduría la facultad de intervenir en los nombramientos de los futuros personeros en todo el país, a través de un supuesto concurso público de méritos. Sí, así como lo leen, ahora los concejos municipales tendrán que nombrar como personeros sólo a quienes reciban el visto bueno de Ordóñez, probablemente sus copartidarios o compañeros de camándula.

Sólo falta que el Gobierno termine haciéndole campaña a Ordóñez en el Congreso o ternando a un chisgarabís, de esos que prestan su nombre hasta para el ridículo, para hacerse perdonar el “descuido” de no haberlo postulado. Ojalá Santos reaccione, porque le pesará. Su apuesta por la paz quedará frustrada con un procurador que la torpedeará por todo y por nada, como lo ha hecho con la ley de tierras, el aborto y todos los proyectos progresistas y equitativos.

Adenda N° 1. Bienvenidas las negociaciones de paz, por fin algo sensato. Hay que acabar el negocio de la guerra.

Adenda N° 2. ¿Hasta cuándo se aguantará el Gobierno la proverbial deslealtad del quintacolumnista de Angelino?

 

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