Por: Juan David Correa Ulloa

Verdad

Hay un afán casi morboso cuando se publica un libro —y más si éste es póstumo—: se lo debe catalogar a cualquier precio como autobiográfico —o no—, como si eso importara a la hora de juzgarlo.

Lo digo porque al leer Vista desde una acera, la novela póstuma de Fernando Molano, escritor bogotano que nació en 1961 y murió en 1998 habiendo publicado una novela (Un beso de Dick) y un libro de poemas (Todas mis cosas en tus bolsillos), pensé en cómo sería recibido. ¿Es un testimonio o una novela? ¿Vale cambiar un nombre y con eso queda resuelto el dilema? Toda literatura se vale de la vida tamizada por un artificio para ser lo que es. Y es posible que si Molano no hubiera sido el escritor que fue, apenas nos habría dejado un relato banal sobre la experiencia que aparece en su libro. En cambio, fue capaz de idear una escritura, y de acudir a un lenguaje, coloquial pero muy hermoso, que me hizo preguntar, al cerrar el libro, qué era eso tan triste y tan bien escrito que no podía soltar de las manos.

El narrador, Fernando, nos cuenta en presente la penosa enfermedad de su amante, Adrián. A esa historia, le intercala el pasado de los personajes. Y el resultado es de una rabia y de una alegría pasmosas. A la pobreza, la homofobia, la ignorancia de los demás que no toleran (o lo hacen por represión) el amor entre hombres, el narrador antepone el nacimiento de un amor, y de una vocación. Tal vez, como lo dice Héctor Abad en el epílogo, la vida de Molano fue, ella misma, una fábula “con moraleja y todo”. Y quizás es cierto pues la historia de Vista desde una acera, además de su calidad y brillo, es la de un manuscrito incompleto y perdido en la Biblioteca Luis Ángel Arango —el lugar sagrado del escritor— que Molano trabajó durante sus últimos años, cuando padecía sida, el síndrome que a finales de los años ochenta mató a uno de los dos protagonistas de su libro.

La historia de Adrián y de Fernando es la de dos estudiantes luchando contra todo, en medio de una desolación geográfica, humana y temporal. Además, es uno de los pocos libros que he leído de autores nacionales en el cual la literatura hace parte orgánica del relato como un grito para abismarse y comprender el mundo.

Vista desde una acera, Fernando Molano, Seix Barral.

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