Por: María Elvira Bonilla

Los machos alfa

No les bastaron los goles ni la satisfacción de haber ganado ampliamente el partido de fútbol contra Chile.

En la madrugada del triunfo, algunos de los jugadores de la selección Colombia terminaron, como todos unos machos alfa, en un burdel disfrazado de fina discoteca: el Platinum Club. El más publicitado de Santiago de Chile por ofrecer “las mejores mujeres de Sudamérica para acompañarlo” y disfrutar de sus encantos en alguna de las cuatro salas VIP privadas con las que cuenta. El cliente tiene para escoger entre 130 mujeres y pernoctar, como ocurrió con los seleccionados que terminaron captados por una cámara de video y publicados en internet.

Exactamente igual al despreciable comportamiento que tuvieron los agentes de seguridad de Obama en Cartagena, en vísperas de la Cumbre de las Américas, que dejó muy mal parada a la Casa Blanca, dejando en evidencia la vulnerabilidad que puede tener el poderoso presidente de los Estados Unidos, cuya seguridad está en manos de unos machos alfa que entregan su responsabilidad a los institutos desbocados, como cualquier jefe de manada animal. Los hombres de la seguridad presidencial echaron por la borda su carrera por una noche de lujuria caribe.

Así son los machos alfa, precarios y vanidosos, y, embelesados con sus encantos físicos, alardean simpatía y seducción. Se sienten los más, más. Una mentalidad que ha encontrado nuevamente eco en los programas de televisión que los magnifican a diario, como se ha visto últimamente con personajes como Edwin Garrido, el fisiculturista barranquillero, quien con su rol de macho alfa ha encandelillado en Protagonistas de novela, el reality del canal RCN, el más exitoso de los que tienen inundada la televisión colombiana.

La mentalidad del macho alfa es una herencia de la narcocultura que permeó la sociedad colombiana con su estereotipo de poder y dominación. Son los que golpean a las mujeres en las casas, los que atropellan con motos y carros a toda velocidad en las calles urbanas, los que conducen borrachos y gritan y manotean en lugares públicos. Pero son también los que se desparraman en comentarios vulgares y desapacibles frente a fotografías de voluptuosidades femeninas o contra personas como Mónica Roa, que representan la posición contraria a la de aquellas seducidas por los machos alfa.

La última avalancha de insultos en la web la recibió por cuenta de la batalla jurídica que ella y 1.200 mujeres le acaban de ganar al procurador Alejandro Ordóñez a través de una tutela, por desatender la obligación constitucional de no obstruir el derecho que tienen aquellas que quieren y necesitan abortar cuando han sido violadas, el feto tiene alguna malformación o corre riesgo su vida.

La Corte Constitucional instó a Ordóñez a retractarse de decisiones tomadas por la Procuraduría y casi que a guardarse sus opiniones. Las dos funcionarias de confianza, bastiones en su cruzada contra el aborto, Ilva Miryam Hoyos y María Eugenia Carreño, renunciaron, con lo cual quedó en evidencia que a veces las mayores enemigas de las mujeres son las propias mujeres, muchas de las cuales no sólo terminan adulando sino construyéndole un altar a los machos alfa. Detestables personajes que no son más que una vulgar caricatura de la virilidad.

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